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Presentación "Lírica en trámite"

11:01 PM, 5/11/2008 .. 1 comentarios .. Link

 

Con la amabilidad y elegancia que la distinguen, Mary Calviño me invitó a escribir, en noviembre del año pasado, un prólogo para Lírica en trámite. Acepté su invitación, leí los poemas y escribí. El texto resultante de ese convite (que adquirió, para mí, la íntima repercusión de un desafío) introduce hoy, gracias a la gentileza de la autora y de sus editores, los poemas del tercer libro de poesía de Mary, este mismo que ahora (y aquí) nos convoca y reúne.

 No voy a fatigarlos con la lectura del prólogo. Prefiero, en cambio, compartir con ustedes una serie apuntes (muy breves, por cierto), los que, disparados por la lectura de Lírica en trámite, pretenden, de un modo más bien hipotético, aplicarse a la escritura de Mary en general.

Sobre Círculo de sombra, el primer poemario de Mary, que publicó Ediciones del Tarco en 1993, Pablo Dema ha escrito: “(…) es una poesía que surge de una necesidad expresiva muy potente pero que sin embargo no cede ante la tentación de la llaneza y de la confesión; una poesía plenamente consciente de la materialidad del lenguaje y de su textura que sin embargo no se desbarranca en la pendiente del malabarismo fonético. Potente y contenida, sutil y delicada, se constituye a veces a partir de la evocación de otros discursos pero se sostiene a sí misma en su equilibrada belleza.”

Las afirmaciones de Dema subrayan y ponderan los rasgos de una escritura que, entonces, comenzaba a gestarse y que, en la actualidad, no sólo los ha consumado sino que, incluso, los excede y transfigura. Los poemas más recientes de Mary, inéditos todavía y en proceso de elaboración, exploran cierta veta narrativa y acentúan, deliberadamente, cierto registro coloquial que estaban ambos ya, latentes e insinuados, en sus textos iniciales.

Hay una actitud hacia el lenguaje, relativa al trato con las palabras, que dice mucho sobre el modo en que Mary escribe poesía. Esa actitud tiene que ver con la falta de ansiedad. A lo largo de 15 años, ha publicado sólo tres libros de poesía. Y esa presunta escasez, desde el punto de vista cuantitativo, habla de una ética del artista que Mary es. Trabaja sin apuro, silenciosa, en un plano de invisibilidad premeditado. Esa elección la pone al margen los vedetismos y los mandarinatos, a la vez que aparta a su escritura de las modas poéticas y de los espejismos del mercado editorial.

La demora en publicar, el no ponerse ansiosa para terminar un libro, el hecho de tomarse una década de descanso entre Lírica en trámite y Temporada de casa y otros poemas, de 1998, son manifestaciones de una ausencia intencional, de un retraimiento voluntario que repercute auspiciosamente en la poesía que Mary escribe. Ella no hace “poesía de género” y, sin estridencias públicas o declarativas, asume así el riesgo de parecer políticamente incorrecta.

Sus poemas, tampoco, acusan recibo de los debates y las disputas que sacuden, espasmódicamente, nuestro famélico campo poético nacional. Ni neobarroca ni objetivista, ni chabona ni pop, ni órfica ni opaca, su poesía podría encontrar resguardo bajo el paraguas del posclásico, pero este último rótulo es tan acogedor como inoperante (su hospitalidad es directamente proporcional a su ineficacia conceptual y valorativa) y, por lo tanto, dice casi nada acerca de una poética que prefiere mantenerse a la intemperie de resguardos exteriores, de justificaciones heterónomas.

Mary es dueña de un estilo; adjudicataria de un don, paciente y recoleta trama palabras que incorporan al mundo sonoridades, imágenes e ideas inesperadas. Luigi Pareyson nos ha explicado y convencido (al menos a mí) de que el estilo no es una variable psicológica ni biográfica del autor, sino un modo de formar. El estilo es la personalidad del artista vuelta forma; un sello, único e irreductible que se deja apresar en las configuraciones propias de una obra, de una escritura en este caso. El estilo es el texto.

La escritura de Mary (su estilo) se deja ver, se desvela y descubre, en el plano de la sensibilidad. Sus poemas son objetos sensibles, finas construcciones para oír y contemplar, sutiles urdimbres de músicas e imágenes. En “Pensamiento y poesía”, una conferencia que forma parte del volumen denominado Arte poética, Borges dice: “He sospechado muchas veces que el significado es, en realidad, algo que se le añade al poema. Sé a ciencia cierta que sentimos la belleza de un poema antes incluso de empezar a pensar en el significado.” Las aseveraciones de Borges pueden tomarse como una descripción fenomenológica del acto de lectura que propugna la poesía de Mary, del modo en que prefiere que sus lectores obremos cuando entramos en relación con sus poemas: nos proponen que renunciemos a la inteligibilidad inmediata, que suspendamos el afán de responder, con histeria, a la pregunta qué dicen y nos dispongamos a gozar de su ritmo, de su eufonía, de sus analogías, de su dimensión tropológica. Nos plantean que el sentido es una eventualidad, una intermitencia esporádica, producto de un trabajo interpretativo en el que el goce previo se torna una mediación imprescindible para el entendimiento que certifica que la poesía es una incursión por las intensidades del lenguaje, una zona de tensión e inestabilidad en la que coexisten el dilema y la perplejidad, la fruición y el encantamiento.

Añadido, suplemento, agregado, la significación en la poesía de Mary es una experiencia que presupone, inevitablemente, entrar en contacto con la materialidad (sonora, prosódica, visual, sensitiva) del lenguaje y adentrarse en un terreno donde las palabras cobran presencia y el mundo se muestra como un campo de posibilidades infinitas.

Leer la poesía de Mary equivale a predisponerse a una escucha, según el significado que Jean-Luc Nancy le de a ese término: o sea, asumir que el sentido sensato (el entendimiento racional) presupone un paso anterior por el plexo, potencialmente inagotable, de los sentidos. Escuchar; dejarse invadir, permitirse la asociación aparentemente loca; aceptar que el yo es transitorio, endeble, voluble; admitir que el sentido es una ocasión, un vaciamiento fugaz, implosivo, que trastorna y desplaza los modos de percibir, de hablar y de conocer consolidados e instituidos.

Cuando leí, en noviembre del año pasado, por primera vez, los poemas de lo que iba a ser Lírica en trámite anoté, en mi cuadernito con espirales, “follaje umbroso”, “vilanos”, “Mínimas órbitas de luz”, “máscaras sordas”, “la intemperie del otro”, “la hojarasca feliz de la literatura”, “su estrofa de agua idéntica”, “el fuelle de esta sola noche”, “uno puede hundirse entero / en el barro secreto de la vida”, “pasajeros de aquel idioma extraño”.

Tomé nota de esas palabras, de esas frases y de esos versos sin saber que transcribía mi situación de escucha anonadado y agradecido. Los poemas de Lírica en trámite nos invitan a olvidarnos de nosotros mismos, a poner en juego nuestra sensibilidad, a cotejar los límites de nuestro saber y a reconocernos indefensos y fluctuantes. Nos convierten en lectores de poesía, seres vacilantes a los que la belleza del lenguaje ilumina y redime, por un rato, de la banalidad y la torpeza.

 

José Di Marco

NOTA: texto leído en la presentación de Lírica en trámite, la que se llevó a cabo en el Centro Cultural  España Córdoba el 20 de octubre de 2008.


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04:49 AM, 12/11/2008 .. Publicado por Anonymous
por este blog. Ya os he enlazado a mis blogs Mi (re) lectura de la semana y Canal de Poesía de A.T.
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