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Conjeturas poéticas de Antonio Tello

10:34 PM, 26/5/2010 .. Publicado en Comentario de libros .. 1 comentarios .. Link

 

No es errado asimilar la escritura de Antonio Tello (Villa Dolores, 1945) a la poesía. Si bien ha escrito numerosos ensayos, cuentos y novelas, la poesía define el modo básico en que se vincula con la lengua. En más de una ocasión, Tello ha señalado que, desde que comenzara a escribir, su meta última (y tal vez inalcanzable) ha sido la palabra descarnada y fundadora. La que traza combinaciones sintácticas impensadas. La que rehúye de las significaciones preestablecidas y esquiva las determinaciones retóricas, para cotejarse a sí misma con sonoridades e imágenes insólitas. La que inaugura mundos plurales llevando el lenguaje mismo al borde de la disolución.

En Sílabas de arena (2004), su primer libro de poemas publicado, Tello practica a fondo esa tentativa utópica, y excava en la lengua, sondea sus sustratos últimos y, rozando el vacío del silencio, se asoma al reverso de las palabras, a esa zona indeterminada donde acontece lo indecible, lo inaudible. “Creación”, el extenso poema que abarca casi la mitad del poemario, se puede leer como una metáfora del acto creativo que implica una suerte de implosión lingüística: el texto se desperdiga, la puntuación desaparece, las frases se entrecortan, la palabra se desarma y descompone en sílabas hasta alcanzar los estadios de la pura grafía y la pura sonoridad: un trazo fluctuante, un silabeo y un latido que desbordan el lenguaje y se confunden con la sustancia primordial de la vida: “ese alfabeto no humano que anida en el origen”.

Esta poetización de lo originario, del caos que precede a la conformación de lo existente, que rebasa las articulaciones discursivas, se continúa en Naturaleza viva (2006). Publicada en Italia, la plaqueta reúne una selección de siete poemas de O las estaciones, libro que todavía permanece inédito. Más que de una representación mimética de los ciclos naturales, en estos poemas la mención al bosque, al río o a la nieve funciona como un procedimiento de corte simbolista; son figuras construidas por el autor para revelar las correspondencias (ese fronda de símbolos de la que hablaba Baudelaire) que constituyen al mundo como una unidad a la que sólo el decir poético es capaz de nombrar por la vía oblicua y sugerente de la metáfora.

Conjeturas acerca del tiempo, el amor y otras apariencias, se titula el poemario de Antonio Tello que ediciones Cartografías publicará en Río Cuarto en enero de 2010. Escritos con anterioridad a los que integran Sílabas de arena, estos poemas están atravesados por el tiempo del terror, el desamparo y el desarraigo, y participan de esa inestabilidad que confiere el exilio y del esfuerzo por no caer en el abismo.(http://canaldepoesiadeat.blogspot.com/)

Tratados como apariencias, el amor y el tiempo (pero también el destierro, la muerte y la propia identidad) constituyen un polo de atracción para que la memoria y el sueño proyecten una retícula de hipótesis, la trama de un juego de posibilidades en el que la presunción, la sospecha y el atisbo se tornan instrumentos indispensables para que una conciencia se indague, continua y vorazmente. Ésa es la materia Tello modela en Conjeturas… Un plexo de entidades y/o situaciones escurridizas y enigmáticas. Así, lo autobiográfico, antes que un cúmulo de experiencias efectivamente vividas, una retahíla de testimonios concretos y verificables, deviene un campo conjetural, el territorio habitado por veladuras y misteriosos aconteceres, que la escritura recorre con delicada y puntillosa paciencia, internándose, sin lamentaciones ni estruendos, en el vértigo de un abismo que disuelve las certezas y los dogmas. Lo que Tello imagina y escribe en estos poemas es prioritariamente mental. Un mundo densamente subjetivo que, sin embargo, o tal vez por eso mismo, nos recuerda que la historia es barbarie y miseria, y que la poesía es ese resplandor que alumbra las ruinas del pasado, captura las irradiaciones repentinas del presente y avizora los rastros esquivos del porvenir.

En “Realidad interna y Función de la Poesía”, un ensayo que data de 1952, Edgar Bayley anotaba: “Pero hay un lenguaje específicamente poético. Todo poeta se expresa de manera inhabitual. Este hecho, aunque no implique la definición más cabal de la poesía, constituye una de sus características o fatalidades más persistentes. El poeta no puede eludirla. Y por mucho que se acerque en el estilo de su producción al lenguaje cotidiano, algo marcará la diferencia con éste, algo tornará extrañas para nosotros sus líneas de palabras. Sin embargo, para que este lenguaje sea válido desde el punto de vista poético, es preciso que se muestre, aunque diferente del lenguaje habitual, como otra capacidad del hombre, útil para su comunicación. De este modo, esas formas expresivas, inicialmente extrañas para nosotros, se integrarán en nuestra vida íntima y servirán a nuestra expresión cotidiana.”

Sin duda, las reflexiones de Bayley comprenden a la poesía de Tello: el apartamiento, sistemático y meditado, de los usos instrumentales del lenguaje no sólo deviene en una forma de expresión extraordinaria. Funciona, también, como un modo de conocimiento provisorio, errático e intenso del mundo y de nosotros mismos. Nos  enfrenta a la finitud y el desamparo, a la maravilla y la dicha del vivir. Interrogándose nos interroga, sacude e ilumina.

 

 Rev(b)elación

 

I

En la noche acuchillada de relámpagos

descubro la fatalidad del sueño

que me enfrenta a los otros que soy

y cuyos rostros no conoceré jamás.

 

II

 

Cuando los espectros se rebelan

contra el sueño que nos atañe

hablamos de la esperanza.

 

 

Orfebre

 

Sobre la piel de oro alzo la maza ritual y golpeo.

La forma del rostro. Las cuencas de la noche

donde anidan los ojos de esmeraldas. El gesto del ave.

Al fin, el rugido del jaguar ilumina el paraíso.

Amanece. El sol irradia su cabellera de serpientes.

Y golpeo hasta que el dolor del dios que imagino

se me hace insoportable. 

 

Signo

 

Yo soy ese extranjero que mañana regresará

a la patria, al cabo extraña, a cavar

la colina en busca del poema que su memoria

sepultó en una lata de galletas.

Yo soy ese poeta que hundió en la tierra

la palabra y ha olvidado

el lugar

el índice

la página

la montaña

el poema.

Yo soy ese náufrago sin mares que terminará

sus días contando historias, urdiendo leyendas,

pagado por la caridad de los curiosos,

cuando la fatiga le anude los músculos.

 

Participio (1)

 

Es septiembre y en el aire

aún se mastica el viento de agosto.

 

Golondrinas como puños alados

golpean los árboles, vencen sus ramas

y oscurecen los cielos de Río Cuarto,

repentinamente bulliciosos.

Las muchachas, abrazadas a las paredes,

huyen de los chasquidos aéreos que

les ensucian los hombros.

 

Es septiembre y en el aire

aún se mastica el viento de agosto.

 

 

Participio (2)

 

Hormaeche 58. El zagúan, el patio,

los churros y los helados,

el cine Ocean y la farmacia de la esquina,

las ortigas, el Chevrolet 28, mi perro Capitán

y la maseratti de cajón de soda.

El perfume de las acacias, el palo borracho

y la sierra azul como un mar empinado.

Es tan largo el recuerdo que si hoy pudiera

regresar a Villa Dolores

no me sorprendería comprobar que aún

estoy jugando en la calle. En Hormaeche 58.

 

 

Recurrencia

 

El hombre que acaricia la hiedra y el liquen

reconoce los siglos petrificados en el muro y,

en la líquida sepultura,

los sutiles temblores de la eternidad,

en cuyo perfecto silencio yacen

las armadas invencibles,

los sueños y los dioses perecederos.

 

Se me ocurre entonces que

soy el roce sintiendo el frío de la piedra,

acaso el último aliento de Callfucurá

sobre los campos de San Carlos,

tal vez el asombro de Juan Muzolón

enterrando sus libros en latas de galletas,

o quizás la sombra del hombre que se sueña

acariciando los muros de Santa María del Mar.

 

 

Nota: Los poemas seleccionados pertenecen a Conjeturas acerca del tiempo, el amor y otras apariencias, de Antonio Tello. Ediciones Cartografías, Colección Archipiélago, Volumen 7, Río Cuarto, 2010.

 

 

DATOS DEL AUTOR

 

Antonio Tello nació en Villa Dolores, en 1945.

Vivió en Río Cuarto hasta los 30 años, donde cofundó las revistas de periodismo alternativo “Cine síntesis” y “Puente”, dio clases de teatro, creó el grupo de agitación teatral “Hum” y publicó su primer libro de cuentos, El día en que el pueblo reventó de angustia (Macció Hnos., 1973).

En 1975, amenazado de muerte por la Triple A, salió de Argentina con su familia, gracias al apoyo de Amnistía Internacional. Después de una corta estancia en París, se radicó en Barcelona donde trabaja en varios medios de periodismo escrito, radiofónico y televisivo.

En España ha publicado las novelas De cómo llegó la nieve (Tusquets, 1987), El hijo del arquitecto (Anaya-Mario Muchnik, 1993), Los días de la eternidad (Muchnik Editores, 1997; los volúmenes de cuentos El interior de la noche (Tusquets, 1989) y El mal de Q. Cuentos reunidos 1968-2009 (Candaya, 2009); los poemas de Sílabas de arena (Candaya, 2004) y Naturaleza viva (Alla pasticceria del pesce, 2006), además de diferentes ensayos, entre los que se destacan El Quijote a través del espejo (Mondadori, 1989), Extraños en el paraíso (Flor del viento, 1997) e Historia breve de Argentina. Claves de una impotencia (Sílex, 2006).

 

                                                                                                                               José Di Marco

 

SOBRE ANTONIO TELLO

 

Para conocer más y mejor su obra se recomienda la consulta de:

Webs:        http://www.eldigoras.com/eda/t01/antoniotello.htm

                  http://www.sololiteratura.com/tello/telloprincipal.htm

                  http://es.wikipedia.org/wiki/Antonio_Tello_Argüello

 

Blogs:        http://cuadernodenotasdeat.blogspot.com/

                 http://milecturadelasemana.blogspot.com/

                 http://canaldepoesiadeat.blogspot.com/

 

Canal/vídeo:    http://www.youtube.com/profile?user=antonioetello#grid/uploads

 

El número 3 de la revista “Cartografías. Mapas de un territorio imaginario”, íntegramente dedicado a la obra del autor (disponible en www.revistacartografias.com.ar/revistas.asp)

También cabe destacar el trabajo de Víctor Escudero: “Todos los hombres el hombre. Lectura de los cuentos reunidos de Antonio Tello”, en Antonio Tello: El mal de Q. Cuentos reunidos 1968 - 2009, Candaya, Barcelona, 2009, pp. 5 – 19.

 


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04:22 PM, 31/5/2010 .. Publicado por Anonymous
Un abrazo, Antonio

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