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Sobre "Hoteles", de Pablo Dema

10:29 AM, 25/8/2010 .. Publicado en Comentario de libros .. 3 comentarios .. Link

                                   

1. La primera vez que escuché hablar de Pablo Dema fue en septiembre de 2008. Resulta que alguien había ganado el primer premio de un concurso de cuentos y alguien había ganado el segundo premio y alguien el tercero. Ahora bien, resulta que el primer y el tercer ganador eran la misma persona y así fue como escuché hablar de Pablo Dema y luego me metí a buscar en Internet y descubrí la editorial Cartografías y a una cantidad amable de escritores y publicaciones de Río IV. Una de esas personas era José Di Marco, a quien conocí un año después en esta ciudad. Tomábamos un café o una cerveza (lo que prefiera Di Marco) al lado de una plaza donde estaba lleno de pájaros (Di Marco me dijo que eran tordos) y pensé que eso se parecía a la superpoblación y pensé uno, dos, tres, cuatro escritores cerca de una plaza llena de pájaros, y que tantos pájaros posiblemente hacían mucho ruido y que uno, dos, tres, diez escritores son nada comparados con tantos pájaros, y traté de no llegar a la conclusión obvia y trillada y cliché, es decir, que habíamos perdido el dominio de la plaza pública. Sin embargo perder no es morir, o perder no es callar: durante el primer semestre de este 2010 autores de la provincia editaron libros acá y acá y allá, se abrieron unas editoriales, otras continuaron su trabajo, algunos ganaron premios, o sea, siguió ocurriendo lo que venía ocurriendo: la continuidad del “movimiento” o “la obra” (en sentido conjunto). Y hace unas semanas, para coronar las buenas noticias (como si me hubiese enterado de que ganaba un primer y un tercer premio a la vez), Pablo Dema me escribió contándome que iba a presentar su nuevo libro, “Hoteles”.

 

2. La “introducción” anterior podrá parecerles divertida y amena o narcisista e inoportuna así que trataré de que ya no lo sea. “Hoteles” es un libro de ocho cuentos cuyo espacio privilegiado es el hotel o las variantes del hotel. En realidad, no se trata de “todos los hoteles”, sino de “hoteles de Rio IV”. En ese sentido, el libro de Pablo Dema se sitúa junto a otros dos libros de autores contemporáneos: “San Francisco” (de Lamberti) y “Rocamora” (de Carbonell), libros que eligen una zona como musa literaria y que a la vez citan una vieja y hermosa frase de un escritor santafesino: Quema la mirada. Hablando de la ciudad, decía: me gusta imaginármelos. Yo escribiría la historia de una
ciudad. No de un país, ni de una provincia: de una región a lo sumo”. Al mismo tiempo, al elegir los hoteles como espacio privilegiado Dema se aparta de esa frase (o al menos simula apartarse) ya que señala hacia un lugar que es a la vez más pequeño, más transitorio y, a la luz de la época, más universal.

 

3. Entonces: Dema elige a los hoteles para nombrar a la literatura, o a los hoteles para esconderla o a los hoteles para hallarla. En uno de los cuentos más sutiles y preciosos del libro un hombre que está reintegrándose al mundo normal de los días y el trabajo se hospeda en el hotel El libertador (subrayo el nombre; Dema, como todo escritor, ama los nombres). El personaje no se ve con nadie, no sabemos de él casi nada, del hotel se nos nombran las escaleras, la disposición de los objetos, los cuartos. Y a un conserje y un tablero de ajedrez. En un momento de ese cuento Dema escribe: “Se quedó mirando las figuras afantasmadas por la lluvia que cruzaban frente a la puerta vidriada” (o sea, hay fantasmas más allá del hotel). En otra dice: “En realidad El Libertador siempre tenía un aire a edificio abandonado” (es decir, hay fantasmas de aquel lado del hotel y de este lado del hotel). La literatura, parecería decirnos el libro, sólo puede hablar de fantasmas, figuras borrosas, sombras o restos de cuerpos vivos moviéndose en silencio, como si estuvieran, nos recuerda Dema, en uno de esas pequeñas bolas de cristal que damos vuelta una y otra vez.

 

4.  Fantasmas ensimismados, sombras indecisas, esa parecería ser la cualidad de los personajes de Dema. Y los hoteles, su prisión y su balneario. Desde Platón, pasando por Sarmiento, Wittgenstein, Terranova y Palaniuk y quien sea que se les ocurra, los libros además de contar historias son tratados acerca de la moral y las costumbres de la época. De tal modo, podemos encontrar en “Hoteles” al menos tres hipótesis acerca del mundo de los seres vivos y el mundo de la literatura, y los invito a que lean el libro y se dejen habitar por estas tesis y duerman y sueñen junto a ellas. Voy a enumerar esas tres hipótesis. La primera es que el lugar de la literatura son los no-lugares. Ya no la casa del personaje X, o el departamento de Y, o la casa de vacaciones de Z, sino hoteles, pasillos de hospitales, hoteles, caminatas pos-conferencia, hoteles, las casas que cuidamos de manera esporádica, los espacios que no nos aferran. Sorpresivamente, uno de los cuentos del libro no tiene lugar en un hotel ni en nada parecido, sino en una escuela secundaria, como si se nos sugiriese: los no-lugares son un virus, los no-lugares son casi todos los lugares que podemos ver. Dema, entonces, lleva la tesis más allá: la escuela también es un no lugar, los no lugares lo invaden todo, o, incluso, llegando al límite: la literatura es un hotel. Dormimos en ella como si fuese una casa que no nos pertenece. Los fantasmas nos rodean. Sin haber huido del mundo ya no estamos en el mundo.

 

5. Ahora bien. Al igual que Chejov, que Carver, que Ford, Gaiteri y los bailes de Cuarteto, los personajes de Dema no están solos, o siempre están por “no estarlo” y los hoteles son los lugares privilegiados para que eso ocurra. En el primer cuento dos personajes se reencuentran y van a un telo y uno tiene recuerdos vergonzosos y el otro una actitud amable. Miran tele y le dan de comer a un gato, hablan del pasado, después salen y, sin que uno lo espere, están de la mano. En el segundo cuento, dos personajes se reencuentran en un hospital y van a un hotel y uno se acuerda de una película y se la cuenta al otro y los dos se reencuentran o se reconcilia y algo duele. En el sexto cuento tres personajes salen de joda y se emborrachan y seducen o son seducidos y se van bien o mal acompañados (que elija Di Marco) y el que narra cae fusilado y apenas si sabe lo que ve, mientras otro de los personajes se reencuentra con su pasado o trata de escaparse de su pasado y hay ambulancias, un auto de policía y alguien que ya no sabe quién es. Los fantasmas-hombres de los cuentos de Dema van de acá para allá, transitan de hotel en hotel e irrumpen con su timidez en estos espacios momentáneos, y parecería que lo más importante que puede sucederles, lo que Dema elige contar, los encuentros, sólo puede ocurrir ahí. Pueden redescubrirse, pueden hallar su reflejo en cada hotel, pueden, incluso siendo violentos, hallarse de manera definitiva, como si fuesen fantasmas recogiendo su sombra o como si, parecería decirnos Dema, la literatura y el arte fuesen un hotel, pero (y esta es la segunda hipótesis) es en los hoteles (la literatura), esas obras alejadas de la vida cotidiana, donde habita una parte importante de nosotros, un lugar donde podemos mirarnos cara a cara y hallar otra forma de relacionarnos.

6. Esa tesis humanista de la literatura, con la que los tiempos pueden estar o no de acuerdo (pensar en la cantidad de máquinas de escribir en los cuentos de Dema), se ve acompañada por otra, menos humanista y más contemporánea, que otorga conflicto, ambigüedades y tensión a los cuentos de Dema y a las dos hipótesis anteriores. En uno de los cuentos un jardinero simplón e inocente de pronto se convierte en un señor que levanta una horquilla de manera proto-asesina y muestra una parte de la realidad que no es pero que podría ser (¿la violencia, el teatro, el cambio, la revolución?) En otro de los cuentos, una película porno sumamente extraña que incluye una rubia gimiendo, un negro superdotado y una máquina de escribir interrumpe una escena de amor. La interrumpe y (cuidado) la estimula, la provoca. En el mejor cuento del libro el argumento de una película es el argumento para retomar o arreglar o enfrentar una relación. El último cuento, a su vez, no nos habla ni de televisión ni de música ni de cine pero podría ser una de esas películas de escritores de los hermanos Cohen o una escena protagonizada por Bill Murray para los ojos de Jim Jarmusch. De ese modo, parece como que el mundo de las imágenes invade (y borronea) el mundo de las relaciones cara a cara, pero también parece que trae acompañadas nuevas formas de vínculo, una suspensión de lo que venía ocurriendo, un abismo que Dema abre y nos invita a contemplar. Suspendido entre la primera hipótesis (la literatura, el arte, es un hotel) y la segunda (la literatura, el arte, implica formas distintas de relacionarse), Dema interrumpe los cuentos y comparte una tercera hipótesis con nosotros: la literatura está siendo invadida por las imágenes y el espectáculo, ¿entonces?

 

7. Stop. El cuento “El hijo” es uno de los grandes cuentos de la literatura contemporánea. A diferencia de muchos cuentos, en “El hijo” las decisiones estéticas no parecen haber sido tomadas a priori. La forma del texto es el tema del texto, pero no de ese modo aburrido y aristocrático en que el arte habla del arte, sino de la manera sutil en que dentro de un relato cada elemento es sometido a una nueva elección. “El hijo” es un cuento que tiene lugar en una sala de espera de hospital. Dema, o lo que Casas llama “La voz extraña” (alguien más grande y más confuso que Dema, una especie de dios de todos los artistas) elige nombrar a los personajes por sus características físicas, no por sus nombres, como si un lugar (hospital) requiriera una forma distinta de hacer literatura y de hablar de las cosas. Uno de los personajes está parado como si fuese un reloj marcando las 10 y 10, y esa es una manera sutil y encantadora de recordarnos el paso lento y demoníacamente humanizado que tiene el tiempo en los hospitales; en un momento, el narrador interrumpe su modo de narrar y escribe: “Los pies, las baldosas, el olor, el vidrio, la cortina azul, el olor a desinfectante, el olor a transpiración, la punta del pie de la pierna cruzadas, las baldosas, sus junturas, la cara de los otros dos que permanecen mudos y sentados al frente, el vidrio, su reflejo…”. En otra parte, se nos cuenta el modo en que uno de los personajes descubre la escritura. Y el cuento gira y gira sobre sí mismo, como si fuesen pájaros en una plaza, como si fuese un fantasma bailando y dramatizando enfrente de su espejo. “El hijo” es (como “Lyndon”, de Foster Wallace, como “Los días que duró el incendio”, de Falco, como “La escuela del dolor humano de Sechuán”, de Bellatín, como “Las cinco obstrucciones” de Lars Von Trier y como alguno de los tantos monstruos televisivos de Tinelli) una obra que habla de algo que queda en otro lado al mismo tiempo que habla y se pregunta por sí misma. Como si en ese momento todo, absolutamente todo, empezara a soñarse otra vez.

 

8. Una última acotación sobre el trabajo narrativo de Dema. Su placer son las simetrías, su momento clave son las simetrías. Cuando Dema recurre a ellas nos indica que está sucediendo algo importante: un hombre jugando al ajedrez frente a otro, como si fuese un espejo del enfrentamiento que tiene consigo mismo y del que no sabemos nada. Tres niños juegan con un barco de papel en el agua que corre por la vereda, y el personaje que los observa se recuerda jugando del mismo modo, casi al borde de desmayarse ante un charco de agua, de confundirse con la imagen de lo que fue y de lo que ve y de lo que recuerda, ahora, todas ellas, juntas. Y, como si con estas y otras simetrías no alcanzara, el libro “Hoteles” tiene ocho cuentos dedicado a ocho personas diferentes, como si cada una de esas personas fuese una habitación o un conserje, el secreto último que se esconde tras los textos, la vida que los ilumina y los oscurece. Allí está, también, el último relato, la última simetría, que parece sacada de una pesadilla kafkiana o una película de terror: un terreno baldío, un escritor tratando de escribir mientras miles y miles de gatos le destrozan las manos. Como si Dema nos recordara cuán difícil es crear pequeños mundos momentáneos, pequeñas habitaciones en las que podemos mirarnos cara a cara y aceptar lo que vemos o imaginar lo que no vemos, cuán difícil es cuidar un hotel en estas ciudades en las que todos se fueron de la plaza y sólo quedan fantasmas, gatos y miles y miles de pájaros.

                                                        Pablo Natale


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comentario sin título

09:37 AM, 26/9/2010 .. Publicado por Mary
Me recomendaron entrar al blog para leer la lectura de Pablo sobre Pablo. Me ha gustado mucho. Qué buena idea: hay que leer a Pablo. Y a Pablo, por supuesto.

pablo dema

07:01 AM, 28/10/2010 .. Publicado por Usuario Anónimo
Pablo Natale:mi nombre es gerardo Bessone dirijo la pagina www.gentedecabrera.com.ar y para graficar la presentación de Hoteles de Pablo Dema usé tu comentario anunciando tu autoría espero no te moleste. Un Abrazo. Gerardo

pablo natale

09:05 PM, 21/2/2011 .. Publicado por Usuario Anónimo
Recién veo esto. Non problema.
Todo sea por la literatura, lo que sea que signifique eso!

Abrazo
Pablo Natale

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