Síndrome de la Abuela Esclava

El Síndrome de la Abuela Esclava

{ 02:37 PM, 3/9/2008 } { 1 comentarios } { Link }
El Síndrome de la Abuela Esclava (Pandemia del Siglo XXI) Dr. Antonio Guijarro Morales Cardiólogo Hospital Clínico Universitario "San Cecilio" de Granada Definición: El Síndrome de la Abuela Esclava es una enfermedad muy frecuente, grave, potencialmente mortal, que afecta a mujeres adultas con responsabilidades directas de ama de casa, asumidas voluntariamente y con agrado durante muchos años, que se produce como consecuencia de la interacción de factores extrínseco e intrínseco. El factor extrínseco es un desequilibrio, precipitante de la enfermedad. Estas señoras durante muchísimos años son abuelas felices y sanas, capaces de hacer ellas solas el trabajo de dos o más personas, con agrado y alegría. Pero el paso del tiempo no juega a su favor. Las obligaciones familiares aumentan exponencialmente conforme la familia crece, se multiplica y algunos de sus miembros enferman. La abuela no dice a nada que no, y acepta más y más cargas. Simultáneamente su fortaleza físico-psíquico-emocional se va deteriorando ineludiblemente sin que nadie se de cuenta. Llega un momento en que se produce un desequilibrio entre lo que esa señora puede hacer y lo que ella misma quiere hacer. Ella quisiera seguir haciendo, como siempre, todo lo que cree que la familia necesita que ella haga. El factor intrínseco determina la predisposición a enfermar e impide curar apropiadamente. Por razones sicológicas y educacionales estas señoras poseen un extraordinario, excesivo por inadecuado, sentido del orden, la responsabilidad, la dignidad y el pudor, que les impide quejarse o pedir ayuda con suficiente expresividad. Son mujeres tan entregadas que no conocen lo que es reivindicar algo para sí mismas. Llegado el desequilibrio los hijos creen ver todavía fortaleza donde solo queda voluntad y ocultación del agotamiento. Factores agravantes: Algunos de los factores agravantes son: - Realizar trabajos o actividades extra-hogareños sin liberarse de las obligaciones de ama de casa. - Familia numerosa. - Casas grandes, con muchas habitaciones y muebles que limpiar. - Ancianos, niños o enfermos a su cargo. - Hijos que, tras independizarse, vuelven al primitivo hogar, bajo los cuidados maternos, sobretodo si lo hacen trayendo pareja y/o hijos propios consigo. - Enfermedades asociadas, o el natural envejecimiento, que limitan la capacidad física y emocional de la paciente. - Ausencia o pérdida de ayudas domésticas: Se casa, enferma o jubila la antigua sirvienta, sin sustituirla por otra de igual eficacia o rendimiento. Se ausenta uno de los hijos que ayudaba en las tareas. - Traumatismo emocional: Enfermedad grave o fallecimiento de un ser querido. Separación conyugal propia o de un hijo. - Deterioro económico: Disminución del poder adquisitivo al sobrevenir la jubilación. Fracaso de negocios familiares. Pérdidas patrimoniales. - Acumulación de obligaciones: Agregarse invitados. Atender a familiares que residan fuera del hogar (padres, tíos o hermanos enfermos). Mantener otras actividades o compromisos: religiosos, sociales, etc. Perfil psicológico y social: Las abuelas esclavas son mujeres adultas con responsabilidades directas de amas de casa, asumidas voluntariamente, y con agrado, durante muchos años. Por razones educacionales y sicológicas tienen un extraordinario, a veces excesivo, sentido del orden, la responsabilidad, la dignidad y el pudor. En general de niñas les enseñaron muy poco pero las adiestraron extraordinariamente para sus futuras funciones de madre y ama de casa. Son mujeres entregadas en cuerpo y alma a la familia. Durante años han asumido y realizado eficazmente un trabajo equivalente a la jornada laboral de dos o más personas, habituándose a hacer en un día las labores que normalmente precisarían dos o más jornadas. Si las circunstancias lo propician no dudarán en hacerse esclavas de su familia, por amor, por supuesto, por amor. Con el paso del tiempo cada vez notan más el estrés familiar, hasta que llega a ser excesivo. Para ellas el estrés consiste fundamentalmente en el agobio o interna sobrepresión que se producen por tener la obligación, con responsabilidad directa, de cumplir simultáneamente varias tareas con eficacia, puntualidad y acierto. Cuando llega el desequilibrio este tipo de abuelas se amargan porque saben que su incapacidad decepcionará de alguna forma a los seres queridos. Comienzan a sentir la incomprensión de aquellos a quienes han entregado lo mejor de sí mismas durante los mejores años de sus vidas. Después comienzan las bromas, tomando a chanza los errores o los fallos de la abuela. Se aterran al vislumbrar que acabarán sufriendo el desamor, y quizás el desprecio, de aquellos seres que más quieren en este mundo, que a la vez son quienes más les están decepcionando. Se auto inculpan. Sus hijos son así porque ella los ha educado de esa manera, para ahorrarles una vida tan sacrificada como la que ella llevó. Debería haber sido un poco menos blanda en su educación, quizás, pero ahora ¿qué se puede hacer? Jamás se quejan con la debida elocuencia. Consideran humillante, incluso indigno, la petición vehemente de socorro. Prefieren un final adelantado para sus vidas antes que gritar, “escandalosamente”, pidiendo auxilio. La abuela esclava puede pertenecer a cualquier clase social, si ejerce de ama de casa con responsabilidad directa asumida, y reúne las características psicológicas antedichas. A veces son mujeres sin nietos, pero con cargas familiares equivalentes. Muy excepcionalmente algunos varones asumen responsabilidades semejantes (jamás iguales), si conviven con mujeres impedidas. Diagnóstico: Debe sospecharse el Síndrome de la Abuela Esclava en mujeres adultas, no ancianas (más frecuente entre los 38-68 años de edad), con responsabilidades directas de amas de casa, que reúnan las características personales intrínsecas antedichas y presenten síntomas que no curan adecuadamente. Si el médico no sospecha el excesivo estrés familiar, porque es ignorado y/o negado por la paciente y su familia, la enfermedad puede pasar desapercibida por varias razones: 1. Los hijos creen que su madre sigue teniendo la misma fortaleza "de toda la vida": el médico es quien debe poner el tratamiento certero para que vuelva a ser la fortísima mujer que siempre ha sido. 2. La abuela no quiere decepcionar a sus hijos, "que tanto la necesitan". No quiere aceptar su deterioro físico-psíquico-emocional, irremediable aunque su aspecto externo siga siendo saludable y bello. Ella puede saber mejor que nadie lo que ocurre, pero lo oculta a sus hijos, y se auto inculpa: ella es la que voluntariamente ha optado por llevar la carga familiar y educar a sus hijos para que disfruten de otras actividades que a ella le fueron negadas. 3. La abuela teme que, si los hijos reaccionan "del todo a la nada", le digan: "No te preocupes abuela, te quitamos toda esta carga tan pesada. Quédate tranquilita. No te molestaremos con los nietos hasta el año que viene". Para este tipo de abuela, la drástica separación del gratificante contacto con sus nietos, que son lo que más les importa en este mundo, es peor que morir. Formas de presentación: Las formas de presentación más comunes del Síndrome de la Abuela Esclava son: 1 - Hipertensión arterial de difícil control, con oscilaciones muy bruscas, aparentemente caprichosas. 2 – Molestias paroxísticas: sofocos, taquicardias, palpitaciones en el cuello o el tórax, dolores punzantes por el pecho, que cambian de un lado a otro, dificultad para respirar, mareos, hormigueos, desvanecimientos, angina pecho en reposo. 3 – Debilidad o decaimiento persistentes, un cansancio extremo desproporcionado respecto a sus actividades habituales actuales. En el pasado soportaron tareas mucho más agotadoras sin sentir atisbos de cansancio. 4 – Caídas fortuitas: las piernas no pueden sostener al cuerpo y la paciente cae al suelo, generalmente sin perder el conocimiento. 5 – Malestar general indefinido, disconfort. Casi nunca se sienten confortables, a gusto ni relajadas, sin saber definir exactamente por qué. 6 – Tristeza, desánimo, falta de motivación por las cosas. Ahora apenas les divierten las gracias y arrumacos de sus nietos; incluso les disgusta la mera presencia de los niños, anhelando que sus respectivas madres se hagan cargo de ellos cuanto antes. 7 – Descontrol de padecimientos metabólicos, como la diabetes. Alternan unas elevaciones alarmantes de las glucemias con descensos bruscos peligrosos, provocando mareos e incluso coma. Las respuestas a los tratamientos son anómalas e irregulares. 8 – Autoinculpación. Se sienten culpables de su incapacidad actual. Evolución y pronóstico: Si no se diagnostican acertadamente, suprimiendo el factor extrínseco precipitante (excesivo estrés familiar actual) las abuelas esclavas sufrirán molestias crónicas durante años, recorriendo numerosas consultas médicas, servicios de urgencias y departamentos hospitalarios sin conseguir un alivio duradero o razonable a pesar de ensayar numerosas y variadas terapias. La paciente puede ser catalogada con todos los diagnósticos compatibles con sus múltiples manifestaciones: hipertensión arterial, diabetes, angina de pecho, taquicardia paroxística, arritmias de diferentes tipos, hemicránea, ansiedad, depresión, neurosis, polimialgia, artrosis, etc. Los ingresos hospitalarios y las temporadas que las pacientes pasan fuera de sus domicilios habituales, liberadas de las cargas cotidianas, determinan mejorías espectaculares. El retorno al medio y las responsabilidades habituales provoca recaídas y agravación progresiva. El síndrome hace crisis cuando la esclava no puede aguantar más el estrés al que se siente crónica e irremediablemente sometida. Al llegar a ese punto la esclava pide ayuda de diversas formas, pero desafortunadamente sin la suficiente expresividad para transmitir a los familiares la intensa amargura y desesperación que la embargan. La abuela esclava que decide liberarse mediante suicidio lo hace pensando que van a descansar tanto ella como sus familiares. Cree que, con su desaparición, la familia quedará liberada definitivamente de la pesada carga que ella misma, la abuela, supone. En el momento crítico puede optar por el suicidio activo (lanzarse al vacío) o pasivo (suprimir o tomar inadecuadamente los medicamentos y regímenes). Si alguno de los familiares intuye la auténtica entidad del problema, y acierta a coordinar a los demás miembros de la familia para, entre todos, liberar a la abuela de cargas y responsabilidades excesivas, el pronóstico es excelente, salvo que existan enfermedades asociadas. Tratamiento: El Síndrome de la Abuela Esclava no tiene un tratamiento médico. Su curación está en manos de sus familiares más íntimos, si toman conciencia del desequilibrio en que la abuela se encuentra cuando cae enferma. La curación o liberación definitiva se consigue adecuando los cometidos asignados a la abuela a su fortaleza física y emocional actuales. Las cargas excesivas deben distribuirse equitativamente entre los miembros del grupo familiar, evitando que las "cadenas" de la abuela recaigan sobre una sola persona que "herede" la esclavitud. Si la familia no pudiera asumir esas funciones debería instarse a los Servicios Sociales de la Comunidad para que colaboren en la solución del problema. A las abuelas se les debe liberar de aquellas funciones que le provocan excesivo estrés, sobretodo de dos grupos de tareas: 1 - Las que suponen responsabilidad directa, especialmente la relacionada con la seguridad personal de los nietos: accidentes, problemática educacional o sexual, etc. La abuela tiembla al pensar que algo malo les ocurriese a los nietos estando bajo su tutela. Otras personas adultas más jóvenes deben asumir esa responsabilidad, explícitamente. 2 - Todas aquellas tareas que deben ser realizadas en plazo fijo, con puntualidad y acierto. La abuela no debe ser ya la "jefa de cocina" (responsable de cumplir horarios y gustos de los comensales) sino consejera y ayudante. Pero la abuela no debe ser marginada de la familia. Jamás debe "amenazársele" con suspender radicalmente las visitas de los nietos, pretendiendo aliviarla de sus molestias. Sus principales función y satisfacción radican en el contacto gratificante con los miembros más jóvenes de la familia. La abuela es una inagotable e insustituible fuente de afecto, que redunda muy favorablemente en el equilibrado desarrollo emocional de los nietos y en el sostenimiento perdurable del propio edificio familiar. Bibliografía A. Guijarro Morales. El Síndrome de la Abuela Esclava. Pandemia del Siglo XXI. Grupo Editorial Universitario. Granada, octubre 2001. A. Guijarro Morales. El Síndrome de la Abuela Esclava (Pandemia del Siglo XXI). Investig Clin (Granada) 2001;4(4):407-410. Páginas del autor relacionadas con el tema, en Internet: http://personales.jet.es./aguijarro/auxx http://web.jet.es/aguijarro/abuela http://web.jet.es/aguijarro/abuela/algunas.html http://personal.telefonica.terra.es/web/medicina/aqla.html

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