Candidatos camaleones


Candidatos camaleonesCada vez que llega un período de comicios, los candidatos más importantes comienzan a invertir en los tan promocionados asesores de imagen. Y ya sean elecciones para intendente, concejal, diputado o administrador de asociación de socorros mutuos, las publicidades de inmediato nos muestran rostros bonitos, reciclados y presidenciables, cuyos dueños aparecen fotografiados desde abajo, para enaltecerlos como bustos de plaza sin restos de paloma.


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06/06/2009 - Jamás se expone una idea, un plan de gobierno, una respuesta concreta a los interrogantes básicos de la población. No sea cosa que digan lo que realmente van a hacer y los votantes huyan espantados.

Sólo nos inundan con la eterna seguidilla de lugares comunes ( la sonrisa permanente, el bebé en brazos, la foto con el indígena, el beso en la frente al jubilado, el abrazo a un metalúrgico usando un casco de minero del mismo color que el traje de Versace que se ponen, o la estrategia de repartir pochochos y besos a granel). Pero también hubo quienes bajaron en burro por la ladera con un poncho rojo, o vistieron el uniforme color caqui, la boina negra y el habano, o buscaron alguna vez ser directivos de un club de fútbol muy popular para ganarse un público clave. En síntesis, dime que necesitas y te diré de qué me disfrazo.

Para ellos, y ellas, los elegibles, ha llegado el momento preciso para apelar de nuevo a las picaduras de avispa, los cambios de dentadura, las extensiones de pelo, ¿ y por qué no?, la visita a la clarividente. Y Tinelli siempre les da una mano de cal mediática, es decir, mítica, que los completa como entidad simbólica, como estampita on-line que flota en todo mar pese a sus claudicaciones morales e ideológicas.

Pero la estrategia no sólo sirve para maquillar la estética, sino también la ética.

O dicho de otra manera, las ideologías han muerto, y si hay miseria que no se note. Lo importante es que la gente vote y crea que elige su destino, aunque la palabra “forro” se vuelva un insulto cotidiano después de cada elección.

Por eso hay mandamientos que un líder mediático debe respetar sin dudar:

a) nunca responder “sin comentarios”, pues esto significaría declarar que uno es culpable,

b) elegir siempre un portavoz especializado en poner cara de naipe para cuando le hagan esa pregunta maldita,

c) es preciso estar familiarizado con los problemas económicos del medio de difusión que hace el reportaje para ver si se los puede solucionar antes del cierre de edición.

d) visitar todos los programas de televisión en los que puedan echar a rodar el casete de todo lo que van a ( no ) hacer, y que Dios y la patria jamás les va a demandar.

Lo demás es ver qué tatuaje, qué silla de ruedas, qué foto, qué comida con postre vigilante los hace quedar mejor. Y lo peor de todo es que se matan para un puesto al que renunciarán en dos años, para presentarse a otra elección como candidatos de otra cosa. Por eso son candidatos camaleones, no testimoniales, cobradores eternos de sueldos vitalicios que garpamos nosotros, los giles que seguimos laburando en la inestabilidad que ellos no eliminan nunca.

En su libro “Homo -Videns” Giovanni Sartori asegura que formamos parte de una sociedad teledirigida. Sintetizando, este sociólogo italiano afirma que alguna vez existió el “homo-sapiens”, hombre generado por la cultura escrita y la era de la palabra, un ser que leía, reflexionaba, imaginaba, pensaba. Luego nació la televisión y las generaciones comenzaron a criarse delante de una pantalla, apareciendo un nuevo producto, el “video-niño” y por consiguiente, con el tiempo, un adulto para el cual todo debe ser visualizado y al que obviamente le harán creer, según Sartori, una realidad virtual, artificial, sobre la cuál no tiene demasiadas opciones de discernimiento. Un imaginario en el que los políticos se vuelven personajes de ficción, los turistas se sacan fotos con los piqueteros o delante de los escombros de las torres gemelas, y la democracia se vuelve un video-juego en el que la ficha, como la esperanza, nos dura por un segundo, ¿y luego de meter el voto?, ...“game over”. Que te garúe finito.

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Luis Buero para Pergaminovirtual.com