La CGT aseguró que el paro tuvo más del 90% de adhesión, mientras que el Gobierno lo calificó de "extorsivo y perverso". El transporte fue el eje del conflicto y volvió a exponer la grieta entre sindicalismo y el Ejecutivo de Javier Milei.
El paro general convocado por la CGT y las CTA en rechazo a la reforma laboral impulsada por el Gobierno dejó una jornada de alto impacto en el transporte, la administración pública y la industria, con menor incidencia en el comercio. Mientras la central obrera celebró un “acompañamiento enorme”, el Ejecutivo endureció su discurso y habló de “extorsión”.
Según la CGT, se trató del cuarto paro general desde la asunción de Milei y alcanzó una adhesión superior al 90%. El diagnóstico oficial fue diametralmente opuesto: para el Gobierno, la protesta se explicó por la paralización del transporte, que impidió a miles de trabajadores llegar a sus empleos.
Desde la sede sindical de Azopardo, los dirigentes cegetistas calificaron la reforma como “un retroceso de 100 años en derechos laborales” y denunciaron una transferencia de recursos desde los trabajadores hacia los empleadores. Además, se solidarizaron con quienes atraviesan pérdida de empleo y precarización.
Del lado oficial, el vocero y jefe de Gabinete, Manuel Adorni, fue tajante: sostuvo que el paro fue “perverso” porque los gremios de transporte “no dejaron trabajar a quienes querían hacerlo”, y cuestionó la legitimidad de los dirigentes sindicales, a quienes atribuyó una alta imagen negativa.
La CGT evitó movilizarse al Congreso, pero las CTA y sectores sindicales más combativos encabezaron marchas que derivaron en incidentes, con detenidos y represión mediante gases y camiones hidrantes. El clima de tensión volvió a instalarse alrededor del debate laboral, uno de los ejes más sensibles del programa económico libertario.
El paro tuvo resultados heterogéneos en el interior bonaerense:
Mar del Plata concentró la movilización más numerosa, con fuerte adhesión gremial y transporte paralizado.
Bahía Blanca mostró alto acatamiento en transporte, bancos y servicios municipales.
Necochea y Luján registraron marchas sindicales y protestas callejeras.
Junín, Cañuelas y 9 de Julio tuvieron adhesión parcial, con comercios abiertos y actividad relativamente normal.
Pergamino exhibió un escenario mixto: bancos, transporte y organismos públicos paralizados, pero comercio y actividad privada funcionando con normalidad.
El paro volvió a dejar en evidencia la fractura entre el Gobierno y el sindicalismo, en un contexto donde la reforma laboral avanza en el Congreso y promete profundizar la confrontación social. Con discursos cada vez más duros y posiciones irreconciliables, el conflicto parece lejos de cerrarse.