En Córdoba, el municipio avanza con el cierre nocturno de accesos en barrios residenciales. La medida busca frenar el delito, pero expone un escenario límite: vecinos que resignan circulación por miedo a la inseguridad.
La postal es contundente y refleja el clima de época: calles que se cierran por la noche para intentar contener el delito. En la ciudad de Villa Allende, Córdoba, la Municipalidad inició la instalación de portones en el barrio Lomas Sur, una medida que marca hasta dónde ha escalado la preocupación por la inseguridad urbana.
El plan contempla la restricción de accesos entre las 22:00 y las 6:00, en un intento por reducir los hechos delictivos en la zona. Según explicó el secretario de Gobierno, Felipe Crespo, la iniciativa apunta a disminuir la circulación durante la noche y reforzar la protección de los vecinos.
Se trata del primer barrio en implementar este esquema, aunque desde el municipio anticipan que podría extenderse a otros sectores de la ciudad. La decisión, sin embargo, no está exenta de polémica.
Mientras algunos residentes respaldan la medida como una respuesta necesaria ante el avance del delito, otros advierten sobre las consecuencias de limitar la libre circulación y el riesgo de generar barrios “cerrados de hecho”, incluso sin tratarse de urbanizaciones privadas.
El caso de Villa Allende expone una tensión cada vez más visible en distintas ciudades del país: la seguridad como prioridad frente a derechos básicos, en un contexto donde el temor empuja soluciones excepcionales.
En el fondo, la discusión va más allá de un portón: revela un cambio en la vida cotidiana, donde la noche deja de ser un espacio compartido y pasa a convertirse en una franja horaria bajo resguardo.
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