España cada vez más cerca

Por Flavia Tomaello, https://flaviatomaello.blog/, Instagram @flavia.tomaello

Hay destinos que, por historia, cultura y afectos compartidos, nunca parecen demasiado lejanos. España es uno de ellos. En 2025 esa cercanía volvió a confirmarse con cifras que hablan por sí solas: 821.000 argentinos viajaron al país ibérico durante el año, un crecimiento del 23 por ciento respecto de 2024 y el volumen más alto registrado hasta el momento.
Los números revelan algo más que un incremento en llegadas. Los viajeros argentinos permanecieron en España un promedio de 8,5 noches, generando cerca de siete millones de pernoctaciones. El impacto económico también refleja la importancia de este flujo turístico, con un gasto total que alcanzó los 2.150 millones de euros. Cada visitante invirtió en promedio alrededor de 2.600 euros durante su estadía, con un gasto diario cercano a los 307 euros.
La explicación resulta bastante evidente. España propone una diversidad de experiencias que conecta naturalmente con la sensibilidad del viajero argentino. La gastronomía, una de las más vibrantes de Europa, convive con rutas del vino, centros de bienestar de alto nivel, ciudades cargadas de historia, diseño contemporáneo y una hotelería que combina arquitectura patrimonial con hospitalidad moderna.
En ese recorrido por el país, algunos hoteles se transforman en verdaderos destinos en sí mismos, espacios donde el viaje se vive con una intensidad particular, entre paisajes, sabores y rituales de descanso.
En las colinas de Casares, entre Marbella y Sotogrande, Finca Cortesín Hotel, Golf & Spa se ha consolidado como uno de los resorts más exclusivos de España. La propiedad se despliega sobre 215 hectáreas de paisaje mediterráneo y recupera la arquitectura tradicional andaluza en torno a patios interiores y jardines cuidadosamente diseñados. Con solo 67 suites y habitaciones de grandes dimensiones, muchas con terrazas abiertas al campo de golf o al entorno natural, el hotel privilegia la privacidad y el ritmo pausado.
Las villas privadas amplían aún más esa sensación de retiro, con hasta 420 metros cuadrados interiores, cuatro dormitorios en suite y piscina propia. La experiencia incluye cinco restaurantes, entre ellos REI Restaurant, donde el chef Luis Olarra presenta una cocina contemporánea de inspiración japonesa, y Don Giovanni, dedicado a la tradición italiana. El spa incorpora tratamientos de alto nivel con ingredientes como colágeno, caviar y oro, mientras que el campo de golf de 18 hoyos, considerado entre los mejores de España, convoca a jugadores de todo el mundo.
En Madrid, el Wellington Hotel & Spa representa otra cara del lujo español. Ubicado en el elegante barrio de Salamanca, a pocos pasos del Parque del Retiro y de algunas de las boutiques más exclusivas de la capital, el hotel mantiene desde hace décadas una reputación asociada al glamour clásico madrileño. Sus 245 habitaciones y suites combinan elegancia tradicional con confort contemporáneo, algunas con vistas privilegiadas hacia el Retiro.
La propuesta gastronómica refuerza su prestigio. El restaurante Ricardo Sanz Wellington, distinguido con una estrella Michelin, presenta una refinada interpretación de la cocina japonesa, mientras que Goizeko Wellington celebra la tradición de la alta cocina vasca. El bienestar también ocupa un lugar central en el Le Max Wellness Club Wellington & Spa, que incluye tratamientos especializados, clases de yoga y pilates, además de una piscina exterior. La cercanía con el Triángulo del Arte y las avenidas más elegantes de Madrid completa una experiencia profundamente urbana.
En Mallorca, Son Bunyola propone un tipo de lujo diferente, profundamente conectado con el paisaje. La propiedad forma parte de Virgin Limited Edition, la colección hotelera de Sir Richard Branson, y se extiende sobre una finca privada de más de 526 hectáreas entre el Mediterráneo y la sierra de Tramuntana, declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO.
El hotel ocupa construcciones históricas que datan del siglo XV, entre ellas una torre defensiva medieval y antiguas casas de campo mallorquinas restauradas con extremo cuidado. El resultado es un ambiente que combina patrimonio arquitectónico y confort contemporáneo. La propiedad cuenta con 27 habitaciones y suites, incluyendo las exclusivas Tower Suites situadas dentro de la torre histórica.
La gastronomía privilegia productos locales en restaurantes como Sa Terrassa y Sa Tafona, este último instalado en un antiguo molino de aceite de oliva. Caminatas por la finca, rutas de ciclismo, degustaciones de vino, clases de yoga y tratamientos con productos naturales completan una estancia donde naturaleza y cultura mediterránea conviven en armonía.
Barcelona también ofrece experiencias hoteleras que combinan historia, diseño y gastronomía de alto nivel. Monument Hotel, ubicado en un majestuoso palacio del siglo XIX en Passeig de Gràcia, se posiciona como uno de los hoteles urbanos más sofisticados de la ciudad. Sus 84 habitaciones y suites reflejan una estética refinada con suelos de roble natural, ropa de cama de algodón egipcio y elegantes bañeras Victoria & Albert.
La gastronomía es uno de los grandes pilares del hotel. Lasarte, dirigido por el chef Martín Berasategui junto a Paolo Casagrande, fue el primer restaurante de Barcelona en obtener tres estrellas Michelin. A esta experiencia se suman Oria, centrado en cocina mediterránea contemporánea, y el Hall0 Bar, creado por el reconocido mixólogo Javier de las Muelas. El centro de bienestar Valmont y la terraza con piscina sobre el Passeig de Gràcia completan una experiencia donde lujo y cultura se integran con naturalidad.
En la Costa del Sol, Don Carlos Marbella mantiene su lugar entre los hoteles más emblemáticos de la región. Ubicado entre Marbella y Málaga, la propiedad combina la elegancia clásica de la hospitalidad andaluza con un estilo contemporáneo que dialoga con el entorno marítimo. El hotel cuenta con 284 habitaciones y suites, además de 24 residencias privadas, muchas con terrazas abiertas al Mediterráneo.
Rodeado de jardines y con acceso directo a la playa, el complejo ofrece múltiples propuestas gastronómicas inspiradas en sabores mediterráneos. Entre ellas se destacan Sol & Sombra y el conocido Nikki Beach Marbella, uno de los beach clubs más famosos de la región. El hotel también alberga el Rafa Nadal Tennis Center, con siete canchas de arcilla y programas de entrenamiento, además de un spa con circuito de aguas y tratamientos de bienestar.
La oferta hotelera española seguirá creciendo en los próximos años. Para 2026 se anuncian nuevas aperturas que ampliarán el mapa del lujo en el país.
En Granada, el Gran Hotel Claridge abrirá sus puertas en abril de 2026 con un concepto boutique de 70 habitaciones. Situado en la histórica Plaza de Villamena, a pocos metros de la Catedral y la Alhambra, el hotel se inspira en el legado cultural de la ciudad. Su restaurante principal recuperará tradiciones culinarias andaluzas, mientras que la terraza panorámica ofrecerá vistas que alcanzan la Sierra Nevada. El proyecto también incluirá un spa con tratamientos exclusivos y programas de bienestar personalizados.
En Sevilla, el nuevo Serras Sevilla debutará en la primavera de 2026 con 43 habitaciones en un edificio diseñado por el arquitecto Aníbal González entre 1915 y 1917. Ubicado a pocos pasos de la Catedral, en pleno centro histórico, el hotel combinará la grandeza arquitectónica andaluza con lujo contemporáneo. La propuesta gastronómica se desplegará en tres restaurantes, incluyendo una terraza con piscina y vistas panorámicas sobre la ciudad.
Muchas de estas propiedades forman parte de Preferred Hotels & Resorts, la mayor colección de hoteles de lujo independientes del mundo, que reúne más de 625 hoteles y resorts en 80 países. A través de sus distintas colecciones, la marca conecta a viajeros exigentes con experiencias singulares que priorizan el carácter único de cada destino.
España continúa seduciendo con su diversidad, su cultura y su manera particular de celebrar la vida. Para los viajeros argentinos, ese vínculo parece fortalecerse año tras año. Quizás porque, más allá de la distancia geográfica, siempre existe una sensación familiar al recorrer sus calles, sentarse a la mesa o contemplar el mar. Una cercanía que transforma cada viaje en un regreso.