La casa del arte

Por Flavia Tomaello, https://flaviatomaello.blog/, Instagram @flavia.tomaello

Lecce es una ciudad donde la belleza parece haber aprendido a quedarse. La piedra clara del Salento recoge la luz, la suaviza, la devuelve en tonos cálidos que envuelven calles, fachadas y silencios. En ese entramado barroco, el Museo Fiermonte se presenta como un espacio singular, una casa donde el arte abandona la distancia y se vuelve experiencia, atmósfera, permanencia. Aquí, la hospitalidad se confunde con la creación y la memoria adquiere forma habitable.
El Museo Fiermonte nace de una historia atravesada por el amor, la amistad y la pérdida, una historia intensa, libre y profundamente humana. En su origen se encuentra Antonia Fiermonte, pintora y violinista nacida en Puglia, mujer de sensibilidad refinada y espíritu cosmopolita. Su vida transcurrió entre Italia y Francia, entre la música, la pintura y los círculos culturales más vibrantes de su tiempo. Antonia fue el eje emocional y creativo de un vínculo extraordinario que unió a dos grandes escultores franceses del siglo XX, René Letourneur y Jacques Zwoboda, amigos, colaboradores y amantes de la misma musa.
Décadas más tarde, Fouad Giacomo y Antonia Yasmina Filali, nietos de Antonia, decidieron regresar esta historia a su lugar de origen. El museo surge como un gesto de restitución y de continuidad, una forma de devolver a Puglia un legado artístico y humano que había atravesado fronteras, lenguajes y generaciones. El proyecto no se limita a la conservación de obras, propone una experiencia vital donde arte y vida dialogan sin interrupciones.
El recorrido museístico se construye a partir de la colección privada de la familia Fiermonte Filali y ofrece una lectura sensible del arte europeo de las primeras décadas del siglo XX. Esculturas de mármol y bronce, dibujos, pinturas, fotografías, cuadernos, libros y correspondencia personal se articulan en una narrativa que privilegia el vínculo entre las obras y las biografías que las hicieron posibles. La experiencia se amplifica mediante el uso de tecnologías contemporáneas como holografía, realidad virtual inmersiva, panoramas estereoscópicos y documentales en tres dimensiones, que permiten una aproximación emocional, casi íntima, a los artistas y a su tiempo.
Jacques Zwoboda y René Letourneur representan dos trayectorias complementarias dentro de la escultura moderna francesa. Zwoboda inició su camino en la figuración histórica para avanzar progresivamente hacia una abstracción cada vez más esencial, mientras Letourneur se consolidó como uno de los escultores más solicitados para encargos públicos durante los años de reconstrucción posteriores a la guerra, desarrollando una obra marcada por la monumentalidad, la sensualidad de las formas y una presencia física contundente. Ambos se conocieron en la École des Beaux Arts de París, donde comenzó una amistad que se prolongó durante décadas.
Un momento clave en sus carreras fue el concurso internacional convocado en 1929 por el gobierno ecuatoriano para la realización de un monumento a Simón Bolívar en Quito. El proyecto, respaldado por Aristide Maillol, presidente del jurado, selló una colaboración decisiva. Tras obtener el primer premio, los escultores establecieron sus talleres en Fontenay aux Roses, donde también se instalaron con sus familias. Para entonces, ambos habían recibido importantes reconocimientos, Letourneur con una medalla en el Salon des Artistes Français y Zwoboda con la medalla de oro en la Exposición Internacional de Artes Industriales y Decorativas Modernas, pero la obra de Bolívar consolidó definitivamente su proyección internacional.
Habitar la memoria
En el centro de este universo artístico se encuentra Antonia Fiermonte, figura luminosa y trágica. Pintora sensible y violinista apasionada, fue musa, compañera y detonante creativo. Tras mudarse a Roma con su familia, conoció a René Letourneur mientras trabajaba como modelo en Villa Medici. El vínculo fue inmediato y profundo, y la llevó a París, donde se casaron y nació su hija Anne. La convivencia con Jacques Zwoboda, amigo cercano y colaborador de Letourneur, dio lugar a una relación afectiva compleja, intensa y prolongada. Zwoboda se enamoró profundamente de Antonia y expresó ese amor a través de innumerables cartas, dibujos y esculturas que hoy conforman parte esencial del relato del museo.
Después de años de convivencia marcada por la tensión emocional y la creación compartida, Antonia decidió seguir su relación con Jacques, quien había reavivado su impulso artístico. Ese nuevo comienzo se vio abruptamente interrumpido por su muerte prematura a los cuarenta y dos años, durante una estancia en Roma. La pérdida marcó de manera definitiva a Zwoboda, quien dedicó el resto de su vida y de su obra a mantener viva la memoria de Antonia. La retrató incansablemente en dibujos a lápiz y carboncillo, modeló su busto en repetidas ocasiones y construyó para ella un mausoleo en el cementerio de Mentana, cumpliendo su deseo de reposar lejos de la ciudad, rodeada de silencio y luz. Letourneur, formado clásicamente en la Academia Francesa de Roma, continuó desarrollando una obra poderosa, con figuras monumentales y desnudos que conservan la huella de Antonia en su intensidad expresiva.
El Museo Fiermonte traduce esta historia en una experiencia inmersiva que invita a comprender el alma de los artistas y la complejidad de sus vínculos. El museo se convierte en un espacio empático y poético, un puente entre pasado y presente donde el arte se vive como una experiencia emocional y sensorial.
Esta vocación se expande hacia una propuesta singular de hotel museo. Cuatro suites temáticas permiten habitar el arte incluso fuera del horario de visita, transformando la estadía en una experiencia creativa. Cada suite está dedicada a una disciplina artística y propone una inmersión sensorial distinta. La Suite Nocturno celebra la música, evocando la figura de Antonia como violinista y la de Zwoboda como violonchelista. La Suite Peplum se vincula con el cine y con la figura de Enzo Fiermonte, hermano de Antonia, boxeador y actor de vida cinematográfica. La Suite Avant Garde rinde homenaje a la pintura y al gesto creativo de Antonia Fiermonte. La Suite Mármol está dedicada a la escultura, a la relación física con la materia y al trabajo paciente del mármol y el bronce.
Cada suite se define también por una identidad cromática precisa que refuerza su carácter. El azul lapislázuli envuelve la Suite Nocturno, el rojo pompeyano domina la Peplum, el verde esmeralda caracteriza la Avant Garde y el verde polvo distingue la Suite Mármol. Alojarse en ellas implica vivir el museo en silencio, recorrer las salas a puertas cerradas y sumergirse en un entorno propicio para la creación. Pintar, modelar arcilla, generar sonidos o imágenes se convierten en parte de la experiencia cotidiana.
El Museo Fiermonte se afirma así como un espacio donde el arte se vive y se transforma. Talleres, residencias artísticas, exposiciones y eventos privados conviven con la colección permanente, manteniendo vivo un espíritu de intercambio y experimentación. En la Lecce barroca, este lugar ofrece una experiencia profunda para viajeros atentos, amantes de la belleza y espíritus creativos que buscan una relación auténtica con el arte y con las historias humanas que lo sostienen. Aquí, la memoria encuentra forma, y la hospitalidad se convierte en una expresión más de la creación.