Por Flavia Tomaello, https://flaviatomaello.blog/, Instagram @flavia.tomaello
En ciertos pueblos del Mediterráneo la historia se manifiesta como un rumor persistente, una vibración que atraviesa siglos sin perder intensidad. En esta franja del Salento, ese rumor adopta la forma de un pulso antiguo que se mezcla con la vida contemporánea sin pedir permiso. Las calles estrechas, los muros de piedra clara, los patios que guardan sombras frescas, todo parece dispuesto para narrar un tiempo que no se fue del todo. La Grecìa Salentina conserva esa cualidad rara: la de permitir que lo ancestral conviva con lo que recién nace, como si la memoria fuera un tejido que se renueva sin romperse.
La comunidad de Melpignano ha sabido leer ese legado con una lucidez poco frecuente. No se limita a proteger lo heredado, lo interpreta. No se aferra a lo que fue, lo transforma en una herramienta para pensar el presente. Esa actitud se percibe en la manera en que se diseñan los proyectos culturales, en la atención puesta en la accesibilidad, en la convicción de que la identidad no es un museo, sino un proceso. “Invertir en cultura significa asumir la responsabilidad de acompañar a un territorio hacia una forma de crecimiento humano”, afirma la síndaco de Melpignano Valentina Avantaggiato. “La inclusión no es un gesto aislado, es una manera de construir ciudadanía”. Sus palabras no describen un programa, describen una filosofía.
El Palacio Marchesale, con su mezcla de fortaleza y refinamiento, se ha convertido en el escenario donde esa filosofía toma cuerpo. Allí funciona el Centro de Documentación delle Musiche Popolari, un espacio que no se limita a custodiar el archivo de Luigi Chiriatti, sino que lo convierte en un laboratorio vivo. Las grabaciones, las entrevistas, las fotografías y los documentos etnográficos no se presentan como piezas estáticas, sino como materiales capaces de generar nuevas lecturas. La digitalización del fondo, su clasificación y su apertura al público responden a una idea clara: la memoria solo se mantiene viva cuando se comparte.
Las instalaciones inmersivas creadas por Massimiliano Siccardi y Raffaela Zizzari llevan esa premisa a un territorio sensorial. No se trata de ilustrar un archivo, sino de permitir que el visitante ingrese en un universo donde las voces antiguas, los sonidos del campo, las imágenes del pasado y la arquitectura del palacio se entrelazan. En las antiguas prisiones, donde los detenidos dejaron grabadas sus súplicas, la intervención artística no suaviza la crudeza del lugar, la vuelve audible. La tecnología, lejos de competir con la historia, la ilumina. El resultado es una experiencia que no se limita a informar, sino que conmueve.
Un territorio que se narra a sí mismo
La estrategia cultural del municipio no se agota en la recuperación patrimonial. Se articula con una visión más amplia que busca generar oportunidades, fortalecer el tejido social y atraer a un tipo de viajero que no consume, sino que dialoga. “Nos dirigimos a quienes desean comprender, no a quienes buscan un paso rápido”, explica Avantaggiato. Esa premisa ha dado lugar a una serie de itinerarios que permiten explorar el territorio desde múltiples dimensiones: los frantoi ipogei excavados en la roca, las capillas del Settecento, la Pineta Longa con sus ortos sociales, el jardín histórico del Palacio Marchesale, los menhires que aún marcan el paisaje rural.
Cada recorrido funciona como una escena de un relato mayor. En los frantoi, la historia del aceite revela la economía de un tiempo en que la tierra era el centro de todo. En las capillas, los cantos de pasión muestran la profundidad espiritual de una comunidad que ha sabido mantener vivas sus tradiciones. En la Pineta Longa, las plantas aromáticas y los relatos campesinos construyen un puente entre naturaleza y cultura. En el antiguo horno del siglo XIII, la ceniza conservada de la última hornada recuerda que la vida cotidiana también es patrimonio.
El municipio ha logrado articular estos elementos en un proyecto coherente que combina políticas culturales, iniciativas educativas, programas de inclusión y estímulos a la economía local. El Bando Borghi, el Centro de Documentación, la mensa bioética, el Mercato del Giusto y los incentivos a las pequeñas empresas forman parte de una misma visión. “Cada proyecto debe abrir un camino para que la comunidad pueda continuar”, señala Avantaggiato. “La sostenibilidad se mide en oportunidades reales, no en discursos”.
La música popular, que durante décadas fue un símbolo de resistencia y de identidad colectiva, sigue siendo el hilo conductor de esta historia. La Notte della Taranta, con su capacidad de convocar a miles de personas, es solo la expresión más visible de un trabajo profundo que se desarrolla durante todo el año. La cultura, aquí, no es espectáculo, es una forma de vida.
En un contexto donde muchos pueblos del Mezzogiorno enfrentan el riesgo del despoblamiento, este territorio ha elegido una narrativa distinta. No se repliega, se proyecta. No se resigna, imagina. No se limita a conservar, crea. Y en esa creación encuentra su fuerza. Porque un lugar que se piensa, que se escucha, que se cuida y que se narra, es un lugar que permanece.
Este rincón del Salento no se ofrece como un destino, sino como una invitación a detenerse, a escuchar, a comprender. Melpignano es una invitación que, una vez aceptada, continúa resonando mucho después de haber partido.

