Economía y Empresas | Un cambio de época para el sector
El concurso de Ted Bodin y Fantome Group expone un cambio estructural en el negocio de la indumentaria en Argentina, con caída del consumo, presión de costos y fuerte competencia externa.
El sector textil argentino atraviesa una transformación profunda que ya impacta en balances y tribunales. Los casos de Ted Bodin y Fantome Group, dos empresas con modelos distintos —comercial e industrial—, terminaron en concurso preventivo, reflejando una crisis que atraviesa toda la cadena de valor.
En el caso de Ted Bodin, la empresa reconoció una caída superior al 40% en ventas reales, impulsada por un cambio en los hábitos de consumo: hoy, el cliente prioriza el precio por sobre la marca.
A esto se suma la irrupción de plataformas globales como Shein y Temu, que ofrecen indumentaria a bajo costo con envío directo, afectando tanto el tráfico en locales como los márgenes del negocio tradicional.
El impacto financiero es contundente: la firma acumuló pérdidas millonarias y un pasivo que supera ampliamente sus activos, en un contexto de alquileres elevados, presión impositiva y altos costos financieros.
Del lado industrial, Fantome Group evidencia la otra cara de la crisis. La empresa, que llegó a trabajar con marcas como Kappa, Reebok y Kevingston, perdió contratos clave a medida que sus clientes migraron hacia la importación directa.
El resultado: cheques rechazados, deudas bancarias y una drástica reducción de personal, pasando de 120 empleados a apenas 20. Desde la compañía describen el escenario como una “competencia imposible de igualar” frente a productos importados.
El trasfondo es un cambio estructural del mercado. Durante 2025, las importaciones de indumentaria crecieron con fuerza, impulsadas por la baja de aranceles y el auge del comercio online internacional.
En paralelo, la producción local se desplomó, con caídas superiores al 20% en algunos meses y niveles de utilización industrial en torno al 32%, muy por debajo de lo necesario para sostener las fábricas.
A esto se suma un factor clave: el achicamiento del mercado interno, golpeado por la pérdida de poder adquisitivo y la caída del consumo.
Los concursos de ambas empresas no son hechos aislados, sino el reflejo de un nuevo escenario para la industria textil argentina. Con menos producción local, mayor dependencia de importaciones y consumidores más sensibles al precio, el sector enfrenta un proceso de reconfiguración profunda.
En este contexto, muchas compañías quedan atrapadas en estructuras pensadas para un mercado que ya no existe, marcando el inicio de una etapa de ajuste, reconversión o desaparición.