Sociedad | Pergamino
Ante el Tribunal Oral en lo Criminal N°1, la víctima reconstruyó una década de violencia sexual dentro de su propio hogar. En el banquillo están su padrastro, acusado como autor de los abusos, y su madre, señalada por la Justicia como partícipe necesaria por omisión.
La sala de audiencias del Tribunal Oral en lo Criminal N°1 de Pergamino fue escenario de uno de los testimonios más duros del proceso judicial. Durante varias horas, una joven relató ante los jueces el infierno vivido durante diez años, marcado por abusos sistemáticos, amenazas y un prolongado silencio forzado. Los acusados son su padrastro y su madre, ambos imputados por graves delitos contra la integridad sexual.
Según la acusación, los hechos comenzaron en 2012, cuando la víctima tenía 9 años, y se extendieron de manera sostenida hasta septiembre de 2022, cuando cumplió 18 y logró denunciar lo ocurrido, informó el diario La Opinión de Pergamino. La fiscalía describió una cronología de sometimiento que fue escalando con el paso del tiempo.
El padrastro, de acuerdo al Ministerio Público Fiscal, se valió de su posición de autoridad y convivencia para cometer inicialmente abusos sexuales simples, que luego derivaron en hechos de acceso carnal, acompañados por violencia física y amenazas de muerte. La acusación también incluye la filmación y fotografía de la víctima sin consentimiento, utilizadas como mecanismo de control y dominación psicológica.
Uno de los ejes más sensibles del debate es el rol de la madre. Para la fiscalía, existen pruebas suficientes que indican que conocía los abusos y no intervino, manteniendo la convivencia con el agresor. El fiscal Nelson Mastorchio la calificó como una “garante silenciosa”, cuya omisión deliberada permitió que los ataques más graves se repitieran durante años.
Durante la audiencia también se expusieron las secuelas psicológicas que dejó el abuso prolongado. Peritajes y testimonios dieron cuenta de ataques de pánico, angustia constante y conductas de autolesión, que la joven utilizaba como una forma desesperada de enfrentar el dolor emocional acumulado.
En términos penales, el padrastro enfrenta cargos por abuso sexual agravado con acceso carnal y corrupción de menores doblemente agravada por la convivencia. La madre, en tanto, está imputada como partícipe necesaria, acusada de complicidad primaria frente a las agresiones sufridas por su hija.
El juicio continuará con la declaración de peritos, psicólogos y testigos del entorno familiar, en un intento por reconstruir cómo este ciclo de violencia extrema pudo sostenerse sin interrupciones durante una década dentro del ámbito doméstico.
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