La investigación por la masacre escolar ocurrida en San Cristóbal, Santa Fe, dio un giro clave: las autoridades confirmaron que el ataque está vinculado a subculturas digitales violentas de alcance internacional, descartando hipótesis iniciales como bullying o un brote psicótico.
En conferencia de prensa, la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, junto al gobernador Maximiliano Pullaro, brindaron detalles de un caso que calificaron como “inédito en la Argentina”.
El hecho ocurrió el 30 de marzo en la escuela Mariano Moreno, donde un adolescente asesinó a un alumno de 13 años y dejó varios heridos, generando conmoción en todo el país.
Según explicó Monteoliva, la investigación detectó la participación del agresor en comunidades virtuales centradas en la fascinación por asesinatos masivos, con contenidos que glorifican la violencia y promueven su imitación.
“No es un hecho aislado. Es un fenómeno global que debemos abordar de manera integral”, advirtió la funcionaria, al señalar que ya se identificaron al menos 15 casos similares en los últimos dos años en el país.
En la misma línea, Pullaro precisó que el atacante formaba parte de redes vinculadas a la denominada True Crime Community (TCC), un ecosistema digital donde se analizan y, en algunos casos, se replican crímenes violentos.
Desde la Policía Federal Argentina, el comisario Guillermo Díaz explicó que estas subculturas funcionan en etapas: comienzan con la exposición a contenido violento, continúan con su difusión y validación en grupos online, y pueden escalar hasta la planificación concreta de ataques.
El antecedente histórico más citado es la Masacre de Columbine, que dio origen a comunidades digitales que replican estos patrones.
Además, se detectaron indicios de otras corrientes como el movimiento incel, asociado a discursos de odio y violencia, especialmente en entornos digitales juveniles.
La causa ya cuenta con dos detenidos, incluyendo un presunto colaborador del atacante, identificado tras el análisis de dispositivos electrónicos y redes sociales.
Las autoridades remarcaron que el desafío excede a las fuerzas de seguridad: familias, escuelas y la sociedad en su conjunto deben involucrarse en la prevención de estos fenómenos.
Mientras la investigación continúa, el caso deja una advertencia clara: la violencia digital ya no es solo virtual y puede tener consecuencias reales y devastadoras.