Nacido en un rincón olvidado de Salta, se convirtió en ingeniero nuclear del Instituto Balseiro y hoy se destaca como ultramaratonista internacional. Una vida que desafía cualquier límite.
En tiempos donde las historias de esfuerzo parecen repetirse, la de Gabriel Rueda logra destacarse por su origen extremo y su doble excelencia: en la ciencia y en el deporte. Nació en 1991 en El Candado Grande, un paraje rural de Salta que con el tiempo desapareció por la migración de sus habitantes. Allí, sin acceso a agua potable, electricidad ni servicios básicos, comenzó a forjar un destino improbable.
Criado en un entorno donde la subsistencia dependía de la cría de animales y cultivos propios, Rueda cursó sus primeros años en una escuela rural con apenas doce alumnos. Sin embargo, su talento y disciplina lo llevaron a destacarse rápidamente, especialmente tras su participación en las Olimpíadas de Matemática, una experiencia que —según sus propias palabras— “abrió puertas a un mundo desconocido”.
Ese camino lo condujo nada menos que al Instituto Balseiro, donde se recibió como ingeniero nuclear, una de las carreras más exigentes del país. Pero su historia no termina allí.
En paralelo, convirtió una pasión en otra meta de alto rendimiento: el trail running. Hoy, Gabriel Rueda es considerado uno de los mejores ultramaratonistas del mundo, compitiendo en escenarios internacionales y llevando su historia a cada carrera.
“Más que obstáculos, creo que eran desafíos”, expresó en una entrevista con Cadena 3, dejando en claro la mentalidad que marcó su recorrido.
Actualmente radicado en Barcelona, continúa desarrollando su carrera profesional y deportiva, consolidándose como un ejemplo de resiliencia, disciplina y superación personal. La historia, difundida por el ciclo La Argentina Posible, refleja cómo el talento puede surgir incluso en los contextos más adversos.
Su mensaje es claro: no enfocarse en las limitaciones, sino en las oportunidades, y escuchar a quienes impulsan a seguir adelante.
Foto: Diario Río Negro