La Cámara de Empresarios de Discotecas y Bares bonaerense alerta por una competencia desleal sin controles, en un contexto de caída del consumo y costos que se disparan.
La noche bonaerense atraviesa un escenario crítico. Mientras la crisis económica reduce el consumo y golpea la actividad (con caídas del 5,2% en turismo y recreación), las discotecas enfrentan un problema creciente: el avance de la “noche clandestina” sin regulación.
Desde la Cámara Empresaria de Discotecas y Bares de la provincia de Buenos Aires (CEDIBBA) advierten que la situación es insostenible. En territorio bonaerense quedan apenas 300 locales habilitados, frente a miles de espacios informales donde se organizan eventos sin controles. Según el sector, por cada discoteca legal existen al menos 10 fiestas clandestinas, muchas con cientos de asistentes, venta de alcohol sin control y presencia de drogas.
El impacto económico es directo: menos público, menor recaudación y costos en alza, con incrementos de hasta el 500% en servicios e impuestos. “Hay locales que hoy abren solo uno o dos días por semana”, remarcan desde la entidad, reflejando el ajuste extremo que atraviesa la actividad.
En paralelo, CEDIBBA insiste en la necesidad de una reforma de la Ley de Nocturnidad. Plantean que las restricciones actuales, especialmente en edades de ingreso y horarios, terminan empujando a los jóvenes hacia espacios clandestinos, donde no existen controles de seguridad ni límites.
El contraste es contundente: mientras las discotecas habilitadas cumplen con protocolos estrictos, personal capacitado y exigencias legales, la oferta ilegal crece sin regulación, consolidando una competencia desigual y peligrosa.
Desde el sector también advierten sobre los riesgos: consumo sin control de alcohol y drogas, falta de seguridad y eventos masivos sin habilitación. “Si ocurre una tragedia en estos espacios, nadie se hace responsable”, sostienen.
Ante este panorama, la cámara empresarial reclama reglas claras, controles efectivos y una normativa adaptada a la realidad actual. Sin cambios, advierten, la actividad formal podría seguir reduciéndose, dejando el terreno libre a la informalidad.