Tras una breve reapertura, Teherán volvió a restringir el paso en la ruta clave del crudo mundial. Hubo disparos contra un petrolero y crece el riesgo de escalada en Oriente Medio.
La crisis en Oriente Medio sumó un nuevo capítulo de alta tensión: Irán volvió a imponer un “control estricto” en el Estrecho de Ormuz, una de las vías marítimas más estratégicas para el comercio global de petróleo, revirtiendo la breve distensión anunciada apenas 24 horas antes.
La decisión, comunicada por la Guardia Revolucionaria iraní, implica en la práctica un bloqueo casi total del tránsito marítimo, con impacto inmediato en la seguridad energética mundial y en la volatilidad de los mercados.
El Estrecho de Ormuz es un punto neurálgico por donde circula una porción significativa del petróleo que abastece al mundo. Su restricción genera un efecto dominó:
Desde Teherán justificaron la medida como una respuesta directa al bloqueo naval de Estados Unidos sobre sus puertos, en un contexto de creciente confrontación geopolítica.
“No habrá libre tránsito mientras continúe la presión sobre nuestro comercio marítimo”, advirtieron fuentes militares iraníes.
La gravedad del escenario quedó expuesta con un episodio reciente: según la Agencia de Seguridad Marítima del Reino Unido (UKMTO), lanchas vinculadas a la Guardia Revolucionaria dispararon contra un buque petrolero que intentaba atravesar el estrecho.
El hecho confirma que el endurecimiento del control no es solo declarativo, sino que se traduce en acciones militares concretas, elevando el riesgo para tripulaciones y operadores del comercio internacional.
En paralelo, Irán decidió reabrir su espacio aéreo a la aviación civil, en una maniobra que contrasta con el cierre marítimo. Sin embargo, las autoridades fueron claras: el control militar sobre Ormuz se mantendrá hasta que cesen las sanciones y restricciones impuestas por Washington.
Con presencia naval internacional en aumento, negociaciones diplomáticas estancadas y el petróleo bajo presión, el Estrecho de Ormuz vuelve a posicionarse como epicentro de una crisis global.
El escenario actual no solo complica una posible tregua comercial, sino que deja abierta la puerta a un conflicto de mayor escala, con consecuencias directas en la economía mundial.