Con las tareas de rescate perdiendo intensidad, la emergencia en Venezuela cambia de foco. La OMS y la OPS advierten sobre el peligro de brotes de enfermedades, el colapso hospitalario y la falta de agua potable en las zonas devastadas por los sismos.
La tragedia provocada por los terremotos que sacudieron Venezuela el 24 de junio dejó de centrarse únicamente en la búsqueda de sobrevivientes. Mientras las esperanzas de hallar personas con vida bajo los escombros disminuyen, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) encendieron una nueva alarma: el país enfrenta un alto riesgo de una emergencia sanitaria.
Los organismos internacionales señalaron que el hacinamiento en refugios temporales, la limitada cobertura de vacunación y las dificultades para garantizar condiciones básicas de higiene crean un escenario propicio para la propagación de enfermedades infecciosas.
Uno de los mayores temores es la reaparición de brotes de sarampión, debido a que Venezuela ya presentaba niveles insuficientes de vacunación antes del desastre. Frente a este panorama, la OPS analiza desplegar campañas de inmunización focalizadas en las áreas con mayor concentración de desplazados para reducir el riesgo de contagios.
A este problema se suma la escasez de agua potable, considerada una prioridad por la OMS. La calidad del agua distribuida en los refugios será monitoreada de forma permanente, ya que las condiciones actuales incrementan la posibilidad de enfermedades gastrointestinales, diarreas y otras infecciones transmisibles.
La situación más delicada se registra en La Guaira, la región más afectada por los sismos. Allí, numerosos vecinos continúan removiendo escombros con recursos limitados para intentar encontrar a familiares desaparecidos, mientras los equipos internacionales de rescate comienzan a retirarse y dejan lugar a especialistas en salud pública.
Los expertos también advirtieron sobre el riesgo derivado de la exposición a aguas cloacales y cuerpos en descomposición, factores que podrían favorecer la aparición de conjuntivitis, infecciones intestinales y enfermedades transmitidas por vectores, especialmente en los asentamientos temporales.
El sistema sanitario venezolano atraviesa una situación crítica. La OPS confirmó que ocho hospitales necesitan asistencia urgente y que tres presentan daños estructurales de gravedad, lo que dificulta aún más la atención de los heridos.
Entre los casos más preocupantes figura el Hospital José María Vargas, donde 96 pacientes permanecen internados en un área preparada para apenas ocho camas, mientras las reservas de sangre se encuentran prácticamente agotadas. En tanto, el Hospital Rafael Medina Jiménez redujo su capacidad operativa de 108 a solo 35 camas.
De acuerdo con el último balance oficial, los terremotos dejaron 2.954 muertos y 16.592 heridos, mientras que alrededor de 16.000 personas perdieron sus viviendas, según estimaciones de la OMS.
Ante la magnitud de la crisis, la OPS lanzó un llamado internacional para reunir 24 millones de dólares, recursos que permitirán financiar durante los próximos seis meses la asistencia sanitaria y humanitaria destinada a unas 700.000 personas.
Para los organismos internacionales, el desafío ya no pasa únicamente por salvar vidas entre los escombros, sino por evitar que una crisis epidemiológica agrave aún más una de las peores catástrofes que atraviesa Venezuela.
Foto: GN Noticias
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