Después de 448 días de desaparición forzada, el gendarme argentino Nahuel Gallo fue liberado en Venezuela y ya regresa al país para reencontrarse con su hijo y su pareja. El cabo primero de la Gendarmería Nacional había permanecido detenido en la cárcel de El Rodeo I, sin juicio público, sin defensa legal propia ni asistencia consular.
La confirmación llegó a través de su esposa, María Alexandra, quien publicó en redes sociales que “está volando hacia la Argentina”. La noticia puso fin a una pesadilla que comenzó cuando Gallo cruzó la frontera para visitar a su familia y envió su último mensaje: “Me están llevando”.
Durante su cautiverio, el régimen venezolano lo acusó sin pruebas de integrar una supuesta conspiración. Nunca hubo expediente judicial transparente. Para su entorno, fue claro desde el inicio: no era un detenido común, era un rehén político.
El caso escaló en medio del fuerte enfrentamiento diplomático entre Argentina y Venezuela, con reclamos internacionales y denuncias ante organismos de derechos humanos. La situación cambió tras la caída de Nicolás Maduro, trasladado a Nueva York para enfrentar cargos por narcotráfico, lo que precipitó una serie de liberaciones.
En ese contexto, el nombre de Nahuel Gallo apareció en la lista.
Mientras él soportaba interrogatorios y aislamiento en El Rodeo I, su familia atravesó meses de miedo y gestiones sin respuestas. Su hijo, Víctor, pasó dos Navidades y dos cumpleaños sin su padre.
Hubo huelgas de hambre de detenidos extranjeros, presión diplomática y reclamos públicos. La palabra “desaparición” dejó de ser una sospecha para convertirse en certeza.
La liberación no borra las secuelas, pero marca un punto de inflexión: sobrevivió 448 días de encierro en uno de los sistemas penitenciarios más cuestionados del continente.
Ahora comienza otra cuenta regresiva: la del reencuentro.
Foto: InfoBAE