Una emisión del pasado viernes de Otro día perdido, el ciclo conducido por Mario Pergolini, quedó en el centro de la controversia tras un comentario en tono humorístico sobre un femicidio que generó un fuerte rechazo en redes sociales.
Ante la repercusión, Agustín Aristarán (Rada) y Evelyn Botto salieron a pedir disculpas públicas, reconociendo el impacto del contenido y la sensibilidad del tema.
Rada fue uno de los primeros en expresarse y calificó el episodio como un “chiste muy desagradable”, al tiempo que explicó que el rechazo del público lo llevó a reflexionar:
“Cuando uno recibe críticas, frena y analiza qué pasó”, sostuvo.
Además, remarcó la necesidad de “recalcular, aprender y no repetir” este tipo de situaciones, validando el enojo generado por abordar con humor una problemática grave como la violencia de género.
Por su parte, Evelyn Botto también asumió su participación y aseguró que no dimensionó en el momento la gravedad del contenido.
“Me hago responsable de haber sido parte de algo que salió de un crimen”, expresó, y destacó el impacto que le generaron los mensajes recibidos, especialmente de mujeres.
Además, dejó una reflexión clave sobre los límites del humor:
“El límite es cuando deja de ser gracioso, y claramente no lo fue”.
El episodio reavivó una discusión cada vez más presente: ¿hasta dónde puede llegar el humor en los medios?
La reacción del público dejó en evidencia que los temas vinculados a la violencia de género requieren un tratamiento cuidadoso y responsable, incluso en contextos de entretenimiento.
La controversia no solo afectó a los protagonistas, sino que también puso el foco en el rol de la televisión y sus contenidos.
En un escenario donde la audiencia reacciona de forma inmediata, los errores se amplifican rápidamente, pero también obligan a una revisión sobre cómo se comunican temas sensibles.
El caso deja una conclusión clara: el humor tiene límites, y cruzarlos puede tener un costo alto, tanto social como mediático.