Economía y Empresas | Informe del Banco Central
El sistema financiero cerró 2025 con una morosidad general del 5,5%. El deterioro es desigual: la mora en hogares trepó al 9,3%, mientras que en empresas se mantuvo en niveles moderados.
La irregularidad en el pago de créditos al sector privado volvió a encender las luces de alerta en el sistema financiero argentino. Según datos oficiales del Banco Central de la República Argentina (BCRA), el índice general de morosidad alcanzó el 5,5% al cierre de 2025, consolidando una tendencia ascendente sostenida.
El deterioro no impacta de manera uniforme. Mientras que la mora en empresas se ubicó en un 2,5%, el incumplimiento en los préstamos a personas físicas escaló al 9,3%, reflejando el ahogo financiero de los hogares.
El incremento de la mora está explicado, principalmente, por el atraso en el pago de créditos personales y prendarios. Durante el último año, el financiamiento a las familias ganó peso en los balances bancarios, pero esa expansión también elevó la exposición al riesgo.
Entre los factores clave se destacan las tasas de interés aún elevadas, la inflación persistente y la falta de una recomposición salarial sólida, que erosionan la capacidad de pago. Aun así, el crédito al sector privado mostró un crecimiento real del 36,9%, combinando operaciones en pesos y dólares.
Aunque el BCRA remarca que los niveles actuales dentro de los bancos tradicionales siguen por debajo de los picos de crisis pasadas, el escenario es mucho más delicado en el sistema no bancario. En cooperativas, mutuales y financieras de consumo, la morosidad trepa a un alarmante 22,8%, afectando principalmente a los sectores más vulnerables, con menor acceso al crédito formal.
El aumento de la mora se da en paralelo a un cambio profundo en los balances bancarios, impulsado por la gestión económica de Javier Milei. Actualmente, el crédito a empresas y familias representa el 43,9% del activo total del sistema, desplazando al financiamiento del sector público —Leliqs, pases y bonos— que había dominado durante el gobierno de Alberto Fernández.
El nuevo esquema reconfigura el negocio financiero, pero también expone con mayor crudeza las tensiones sociales y económicas que enfrentan millones de hogares.