Un documento interno del Pentágono sacudió el tablero geopolítico: Estados Unidos evalúa revisar su respaldo a Gran Bretaña en la disputa por las Islas Malvinas. Hubo reacción inmediata en Londres, cautela en Washington y silencio del presidente Javier Milei.
La agencia Reuters reveló un correo interno del Departamento de Defensa de Estados Unidos que plantea revisar el apoyo diplomático a potencias europeas en territorios en disputa, incluyendo las Islas Malvinas.
El documento sugiere que la administración de Donald Trump analiza distintas opciones de presión internacional, entre ellas modificar su respaldo histórico al Reino Unido, en un contexto de tensiones por la falta de alineamiento británico en acciones vinculadas a Irán.
Desde Londres, la respuesta fue inmediata. La secretaria de Estado Yvette Cooper reafirmó que “las Malvinas son británicas”, defendiendo el principio de autodeterminación de los isleños.
En la misma línea, el dirigente Nigel Farage sostuvo que la soberanía del Reino Unido sobre el archipiélago “no está en discusión”, marcando una postura firme frente a cualquier posible cambio de escenario.
Desde Argentina, el vicecanciller Leopoldo Sahores Quirno cuestionó la reacción británica y volvió a plantear que se trata de una “situación colonial vigente desde 1833”.
El gobierno argentino reafirma su histórico reclamo de soberanía, aunque hasta el momento el presidente no se expresó públicamente tras la filtración.
Pese al impacto inicial, desde Estados Unidos buscaron desactivar la tensión. Fuentes del Departamento de Defensa aclararon que el documento forma parte de un análisis interno y que no implica una decisión concreta.
“La posición de Estados Unidos sigue siendo de neutralidad constante”, indicaron, remarcando que se trata de un abanico de alternativas estratégicas en evaluación.
La filtración vuelve a poner en primer plano la cuestión Malvinas en un contexto internacional cambiante, donde los alineamientos pueden redefinirse.
Por ahora, todo se mantiene en el terreno de las hipótesis, pero el episodio deja una señal clara: la disputa por la soberanía sigue vigente y puede volver a escalar en la agenda global.