Martín "Látigo" Alegre, oriundo de Ranchos y radicado en Chascomús, fue el mejor argentino de su categoría en el Mundial de Atletismo de Montaña de República Checa. Ahora, un diputado bonaerense impulsa un reconocimiento legislativo para homenajear su historia de superación.
Hay corredores que compiten contra el reloj. Martín “Látigo” Alegre corre contra todo lo que alguna vez le dijo que no podía. Y lo hace con una particularidad que ya se convirtió en su sello: boina, bombacha de gaucho, pañuelo y alpargatas.
El atleta bonaerense, conocido como el “Gaucho Runner”, acaba de llevar esa identidad hasta un escenario internacional. En el World Masters Mountain Running Championships, disputado en República Checa, completó una exigente prueba UPHILL de siete kilómetros y 800 metros de desnivel positivo en 35 minutos y 39 segundos.
El resultado lo ubicó 19° en su categoría y como el mejor argentino clasificado. Ahora, su historia llegó a la Legislatura bonaerense: el diputado de Fuerza Patria José Ignacio “Cote” Rossi presentó un proyecto para reconocer oficialmente su trayectoria.
Alegre nació en Ranchos, partido de General Paz, y atravesó una infancia marcada por las dificultades económicas. Desde muy chico trabajó junto a sus hermanos en distintas tareas para ayudar a sostener a su familia.
El deporte apareció temprano en su vida. Primero fue el fútbol y después el boxeo, disciplina con la que llegó a soñar con convertirse en profesional y disputar un título mundial.
Pero un accidente de moto en La Plata cambió todo.
Alegre sufrió fracturas en las dos piernas y una muñeca, una lesión que puso en riesgo incluso algo mucho más básico que su carrera deportiva: volver a caminar con normalidad.
Fue entonces cuando apareció el atletismo.
Durante su recuperación, un amigo le recomendó comenzar a correr. Lo que empezó como parte de un proceso para volver a ponerse de pie terminó transformándose en una nueva vida.
“El atletismo me salvó. Me devolvió la alegría, las ganas de vivir y la fuerza para salir adelante”, resumió el propio Alegre.
Con el tiempo, las carreras dejaron de ser simplemente una herramienta de recuperación y se convirtieron en una pasión. Y también en una forma de representar sus raíces.
Mientras otros corredores llegan a las competencias con zapatillas de última generación, relojes inteligentes y equipamiento técnico, Alegre aparece con la vestimenta que utiliza en su vida cotidiana: boina, bombacha, camisa, pañuelo y alpargatas.
Al principio muchos pensaban que se trataba solamente de una puesta en escena. Después lo veían cruzar la meta entre los primeros.
El camino hasta República Checa tampoco fue sencillo.
En marzo de este año, Alegre se consagró campeón argentino, resultado que le permitió conseguir la clasificación al Mundial. Pero llegar hasta Europa implicó afrontar un desafío adicional: conseguir los recursos para viajar.
El corredor contó que tuvo que vender rifas, lechones, huevos de campo y distintos productos para reunir el dinero necesario.
También destacó el apoyo de vecinos y amigos de Chascomús, que colaboraron para que pudiera cumplir el sueño de competir internacionalmente.
Y finalmente lo hizo.
Sin grandes marcas detrás, sin un equipo multidisciplinario y con recursos muy limitados, el Gaucho Runner fue el mejor argentino de su categoría en el Mundial de República Checa.
La historia de Alegre también expone una realidad frecuente en el deporte amateur de alto rendimiento: llegar a la elite sin contar con una estructura profesional.
El corredor no dispone del respaldo permanente de grandes marcas, nutricionistas, kinesiólogos o equipos especializados. Su preparación depende principalmente de su profesora Rosario, quien desde hace seis años le envía los entrenamientos por teléfono.
Por eso, Alegre no oculta su deseo de conseguir un sponsor que lo acompañe en la próxima etapa.
Eso sí, hay una condición que no piensa negociar: seguir corriendo vestido de gaucho.
“Si aparece algún sponsor que quiera acompañarme, bienvenido sea. Yo feliz de representar una marca, pero sin dejar de correr con boina, bombacha y alpargatas”, expresó.
El proyecto impulsado por Rossi propone reconocer legislativamente al atleta por su actuación internacional, pero también por la historia de superación que representa.
Para el diputado bonaerense, Alegre no corre únicamente para ganar carreras. Su recorrido deportivo está atravesado por su infancia, sus raíces, el accidente que casi le impidió caminar y la decisión de volver a empezar.
En cada competencia lleva consigo algo más que una vestimenta tradicional: lleva una historia de vida.
Del campo a las montañas de Europa, de una grave lesión al alto rendimiento y de vender productos para financiar un viaje a representar a la Argentina en un Mundial, Martín Alegre convirtió sus dificultades en combustible.
Y mientras espera el reconocimiento de la Legislatura bonaerense, el Gaucho Runner sigue corriendo como siempre: con boina, alpargatas y la convicción de que volver a empezar también puede llevarte hasta la cima.
Foto: El Cronista de Chascomús
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