La Argentina desprogramó los aviones de combate que sucedieron a los legendarios Skyhawk de Malvinas. El retiro marca el cierre de casi 60 años de historia operativa y acelera la llegada de los nuevos F-16.
La Fuerza Aérea Argentina confirmó la baja definitiva de los A-4AR Fightinghawk, los aviones que durante más de dos décadas representaron la principal capacidad supersónica de combate del país y que fueron considerados los herederos directos de los históricos Skyhawk utilizados en la Guerra de Malvinas.
La decisión fue anunciada por el brigadier general Gustavo Javier Valverde durante una visita a la V Brigada Aérea de Villa Reynolds, en San Luis, donde operaba la flota. La medida forma parte del proceso de modernización militar y transición hacia los nuevos F-16 Fighting Falcon adquiridos a Dinamarca.
Con el retiro de los Fightinghawk, también llega el final definitivo de la era Skyhawk en Argentina, iniciada en 1966 con la incorporación de los primeros Douglas A-4B.
La familia Skyhawk continuó luego con los A-4C y finalmente con los A-4AR modernizados que llegaron en los años ’90 mediante un acuerdo con Estados Unidos.
Estas aeronaves incorporaban tecnología derivada del F-16, radar APG-66 y mejoras electrónicas que permitieron recuperar parte de las capacidades militares perdidas tras Malvinas y las restricciones posteriores.
Durante años, los A-4AR fueron la columna vertebral de la aviación de combate argentina y uno de los sistemas de armas más emblemáticos de la Fuerza Aérea.
Aunque los Fightinghawk no participaron del conflicto de 1982, su identidad quedó profundamente ligada al legado de los A-4B y A-4C Skyhawk que combatieron en Malvinas.
Los pilotos argentinos protagonizaron algunas de las misiones aéreas más arriesgadas de la guerra, atacando a muy baja altura a la flota británica y enfrentando modernos sistemas antiaéreos y aviones Sea Harrier.
Aquellas operaciones permitieron impactar y hundir o dañar seriamente embarcaciones británicas como el HMS Coventry, HMS Ardent y HMS Antelope, en acciones que todavía son estudiadas en academias militares de distintos países.
Desde la Fuerza Aérea explicaron que la desprogramación responde a criterios de “planificación estratégica”, priorizando la sostenibilidad económica y operativa frente al ingreso de los nuevos F-16.
La llegada de estas aeronaves representa uno de los procesos de modernización militar más importantes de las últimas décadas en Argentina y marca el inicio de una nueva etapa para la defensa aérea nacional.