El Litoral atraviesa una situación delicada por la crecida del río Paraná, con cientos de personas evacuadas y autoevacuadas. En la cordillera se esperan nevadas de hasta 30 centímetros, mientras que las proyecciones meteorológicas anticipan que el fenómeno podría intensificarse entre fines de 2026 y comienzos de 2027.
El avance de El Niño en Argentina mantiene en alerta a distintas regiones por una combinación de lluvias intensas, crecidas de ríos, nevadas y cambios en las temperaturas. Los efectos son desiguales según la zona, pero el Litoral concentra actualmente las mayores preocupaciones por el aumento del caudal del río Paraná.
En Corrientes, el nivel del río se acercó al umbral de evacuación y cientos de personas debieron abandonar sus viviendas o trasladarse preventivamente. Al mismo tiempo, sectores de la cordillera de Mendoza y San Juan se preparan para recibir importantes acumulaciones de nieve, mientras otras áreas del oeste podrían registrar precipitaciones significativas.
Las previsiones citadas por especialistas ubican el período de mayor intensidad del fenómeno entre los últimos meses de 2026 y los primeros de 2027, aunque sus efectos podrían prolongarse hasta el otoño del próximo año.
La situación más comprometida se registra en el nordeste argentino. En la ciudad de Corrientes, el río Paraná llegó a los 6,91 metros, a solo nueve centímetros del nivel de evacuación establecido en los 7 metros.
De acuerdo con los datos difundidos en el informe, Defensa Civil contabilizó 646 personas evacuadas y autoevacuadas en la provincia. En Itatí, una de las localidades más afectadas, 110 personas pertenecientes a 43 familias fueron alojadas en centros de evacuación.
La preocupación también alcanza a otros puntos de la región. En Goya, el puerto ingresó en etapa de alerta al registrar 5,28 metros, mientras que en sectores del Chaco ubicados fuera del sistema de defensas se dispuso una alerta roja ante la posibilidad de que el nivel del río alcance los 7,50 metros.
El aumento de los caudales está relacionado con las lluvias registradas tanto en la Mesopotamia argentina como en los estados brasileños de Paraná, Santa Catarina y Río Grande do Sul.
Este último factor resulta clave: aunque dejen de registrarse precipitaciones en algunas zonas de Argentina, el agua que llega desde Brasil puede mantener elevados los niveles de los ríos.
Según María Alejandra Cristanchi, jefa del sector de Hidrología citada en el informe, El Niño podría intensificarse entre octubre y febrero, lo que mantiene la atención puesta en la evolución de los caudales durante los próximos meses.
Mientras el Litoral enfrenta las crecidas, el oeste argentino se prepara para otro episodio meteorológico significativo.
Las previsiones mencionadas por el meteorólogo Mauricio Saldivar anticipan nevadas persistentes de entre 15 y 30 centímetros en sectores cordilleranos de Mendoza y San Juan.
También se esperan lluvias en distintas áreas del oeste del país:
Sur de Mendoza y oeste de La Pampa: acumulados previstos de entre 20 y 40 milímetros.
Norte de Neuquén: precipitaciones estimadas entre 10 y 20 milímetros.
Además, el ingreso de una baja presión aislada desde el océano Pacífico podría favorecer tormentas en el centro del país durante el martes, con posibilidad de granizo y actividad eléctrica.
Estos fenómenos muestran que los efectos meteorológicos asociados al escenario climático no serán iguales en todo el territorio: algunas regiones deberán prestar atención a los excesos de agua, mientras que otras atravesarán episodios de frío, nieve y precipitaciones de distinta intensidad.
Otro aspecto que preocupa es el comportamiento de las temperaturas. En el Área Metropolitana de Buenos Aires y el centro-este del país, las máximas se mantendrían entre 3 y 5 grados por debajo de los valores habituales para octubre, según las previsiones incluidas en el informe.
El ingreso de aire frío durante el fin de semana ya provocó heladas agronómicas tardías en sectores del centro argentino.
El riesgo se concentra especialmente en los cultivos que habían comenzado a brotar o florecer, ya que las bajas temperaturas en esas etapas pueden ocasionar daños productivos.
Para las zonas agrícolas, la evolución del tiempo será relevante no solo por las lluvias, sino también por la posibilidad de nuevas irrupciones de aire frío en un período sensible para determinados cultivos.
Las proyecciones citadas por los especialistas señalan que el fenómeno podría ganar intensidad durante los próximos meses y alcanzar su período más marcado entre fines de 2026 y comienzos de 2027.
El meteorólogo Marcelo Madelón sostuvo que sus efectos podrían extenderse durante los primeros meses del año próximo e incluso llegar hasta el otoño de 2027. Cindy Fernández, por su parte, destacó que la señal climática resulta más evidente en el norte y el centro-este argentino, particularmente en el Litoral y la Mesopotamia.
Durante el verano, estas regiones suelen quedar más expuestas a un incremento de las lluvias asociado a El Niño, con posibles extensiones hacia sectores de la región pampeana. En cambio, Cuyo y algunas áreas de la Patagonia podrían experimentar un comportamiento diferente, con menores precipitaciones.
Esto significa que el fenómeno no implica necesariamente más lluvias en todas las provincias ni garantiza un mismo impacto durante toda su evolución. La distribución de las precipitaciones dependerá también de las condiciones meteorológicas regionales.
El panorama previsto para las próximas semanas deja tres focos principales de atención: las crecidas de los ríos en el Litoral, las nevadas y lluvias en la cordillera y el oeste, y las temperaturas inferiores a lo normal en el centro del país.
Con el posible fortalecimiento de El Niño hacia el verano, la evolución de los ríos, las alertas meteorológicas y las condiciones para la actividad agropecuaria serán variables centrales para medir el alcance del fenómeno en Argentina.
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