La central obrera evitó confirmar un nuevo paro general tras la movilización en Plaza de Mayo, pero la interna sindical se profundiza. Sectores duros presionan por una medida más contundente mientras la conducción redefine su estrategia frente al Gobierno.
Con una movilización importante, aunque por debajo de lo esperado, la CGT volvió a expresarse en las calles, pero dejó una señal de incertidumbre: no hubo definiciones concretas sobre un nuevo paro general.
Lejos de ordenar el escenario, la jornada expuso una creciente fragmentación interna. Mientras la conducción mantiene una postura más cauta, un bloque sindical combativo —integrado por Luis Barrionuevo, Omar Maturano y Roberto Fernández— impulsa un paro general de 36 horas, elevando la presión sobre el triunvirato.
Durante el acto central, los discursos de Cristian Jerónimo y Jorge Sola estuvieron atravesados por un reclamo que se repitió desde las bases: “paro general”.
La respuesta no tardó en llegar. Jerónimo defendió el accionar de la central con tono firme: “La CGT siempre estuvo”, mientras que Sola llamó a “dar un paso más”, en una frase que dejó entrever un cambio de enfoque.
En el núcleo de la CGT comienza a tomar forma una idea que divide aguas: dejar de apostar exclusivamente a los paros y avanzar en la construcción de una alternativa política.
El diagnóstico es claro: las medidas de fuerza no logran modificar el rumbo del Gobierno, por lo que algunos dirigentes impulsan una estrategia más amplia de cara a 2027.
En ese marco, ya hay movimientos concretos:
El objetivo: construir una oposición capaz de disputar el poder.
La movilización también dejó señales políticas fuertes:
Estos gestos reflejan una CGT atravesada por tensiones, donde crecen los sectores que reclaman mayor confrontación frente al Gobierno.
En paralelo, la central difundió un documento donde advierte sobre un “retroceso en las condiciones de vida” y cuestiona el rumbo económico.
Entre los principales puntos:
Además, la CGT rechazó la reforma laboral, a la que considera un recorte de derechos, y ratificó su estrategia judicial para frenarla.
Con un calendario que juega en contra y una interna en ascenso, la central obrera enfrenta una decisión clave: avanzar hacia un nuevo paro general o consolidar una estrategia política de largo plazo.
Por ahora, lo único claro es el escenario: la CGT está dividida y la presión por una huelga de 36 horas crece día a día.