Científicos analizaron por primera vez el calor y la composición de un exoplaneta rocoso ubicado a 50 años luz de la Tierra. Detectaron un mundo oscuro, extremo y posiblemente volcánico.
El poderoso James Webb Space Telescope volvió a marcar un antes y un después en la exploración del universo. Por primera vez en la historia, científicos lograron observar y analizar directamente la superficie de un planeta fuera del sistema solar, sin depender únicamente del estudio de su atmósfera.
El hallazgo se centró en LHS 3844 b, una “supertierra” ubicada a casi 50 años luz de la Tierra, y fue posible gracias al instrumento infrarrojo MIRI, instalado en el telescopio espacial Webb.
La investigación, desarrollada por especialistas del Instituto Max Planck de Astronomía y el Centro de Astrofísica Harvard & Smithsonian, fue publicada en la revista científica Nature Astronomy y representa un salto tecnológico sin precedentes para la astronomía moderna.
Los datos revelaron que LHS 3844 b posee una superficie extremadamente hostil. El planeta alcanza temperaturas cercanas a los 725 grados centígrados en su cara iluminada y completa una órbita alrededor de su estrella en apenas 11 horas.
Además, presenta rotación síncrona, un fenómeno similar al de la Luna con la Tierra: un hemisferio permanece siempre iluminado, mientras el otro vive en oscuridad perpetua.
Los científicos analizaron el calor infrarrojo emitido por la superficie del planeta y lo compararon con distintos tipos de rocas presentes en la Tierra, Marte y la Luna. El resultado descartó una composición similar a la terrestre y apuntó a una superficie rica en basalto, una roca volcánica oscura presente también en Mercurio y la Luna.
El estudio indica que el exoplaneta tendría muy poca agua y prácticamente ninguna atmósfera detectable. Los investigadores manejan dos hipótesis principales: una actividad volcánica relativamente reciente o una superficie cubierta por material oscuro acumulado tras millones de años de impactos y radiación espacial.
Aunque el telescopio no detectó gases volcánicos como dióxido de carbono o dióxido de azufre, los expertos creen que el hallazgo abre una nueva etapa en el estudio de mundos rocosos fuera del sistema solar.
Hasta ahora, gran parte del análisis de exoplanetas se realizaba de forma indirecta, observando sus atmósferas o el comportamiento de sus estrellas. Este avance cambia completamente el escenario: por primera vez, los astrónomos pudieron estudiar directamente las propiedades geológicas de otro mundo.
El equipo científico ya prepara nuevas observaciones para determinar si la superficie de LHS 3844 b está formada por roca sólida o por una capa de polvo y fragmentos volcánicos.
La técnica utilizada por el James Webb podría aplicarse en el futuro a otros exoplanetas rocosos y acelerar la búsqueda de mundos similares —o completamente distintos— al nuestro.
Foto: Joan Anton Català Amigó @estelsiplanetes