Hace 26 años, el médico pergaminense participó de la primera operación de un glioma en Iberoamérica guiada por resonancia magnética intraoperatoria. Invitado al Congreso Americano de Neurocirugía, reivindicó el trabajo de todo el equipo que hizo posible aquel avance y la tecnología que hoy continúa desarrollándose.
Una intervención realizada hace 26 años en Pergamino marcó el comienzo de un camino que hoy tendrá reconocimiento en uno de los principales ámbitos internacionales de la especialidad. El neurocirujano Roberto Herrera fue invitado como expositor al Simposio de Tumores Cerebrales del Congreso Americano de Neurocirugía, en Washington, Estados Unidos.
La convocatoria representa un nuevo capítulo para una historia que comenzó en el Instituto del Diagnóstico de Pergamino, cuando Herrera y su equipo realizaron una intervención pionera: la extirpación de un glioma guiada por imágenes de resonancia magnética intraoperatoria.
Al anunciar la invitación en sus redes sociales, el médico eligió un título que resume el sentido de su recorrido: “Gracias por un largo viaje”. En su reflexión, recordó los desafíos técnicos, las resistencias que debieron enfrentar y, sobre todo, a las personas que acompañaron una iniciativa que entonces parecía adelantarse a su tiempo.
Hace más de dos décadas, una joven de una localidad vecina fue la paciente de aquella primera intervención. Según recordó Herrera, se trató del primer caso de un tumor cerebral tipo glioma operado de esa manera en Iberoamérica.
La innovación consistía en utilizar imágenes de resonancia magnética durante la propia cirugía, una herramienta que permite al equipo médico obtener información del cerebro mientras trabaja y evaluar con mayor precisión la extirpación del tumor.
El objetivo era mejorar la seguridad del procedimiento y favorecer la resección más completa posible, preservando el tejido cerebral sano. Herrera sostiene que aquella apuesta tecnológica apuntaba a mejorar la calidad de vida y las perspectivas de sobrevida de los pacientes.
“Hoy esto que ayer era futuro es una realidad que se reconoce en el mundo”, escribió el especialista al recordar el camino recorrido desde aquella intervención.
En su publicación, Herrera dejó en claro que el reconocimiento internacional no representa solamente un logro personal. Buena parte de su mensaje estuvo dedicado a los profesionales, técnicos e instituciones que sostuvieron el proyecto cuando todavía había dificultades para implementar una tecnología de esas características.
Uno de los recuerdos más destacados fue el de su hermano Javier, quien estuvo a su lado desde el comienzo y se encargó de manejar el primer resonador Picker. El médico describió aquella tarea como conducir un barco en medio de una tormenta. También reconoció a Mariano Serafini, técnico que se incorporó después y cuyo trabajo consideró fundamental.
Herrera evocó especialmente a su maestro, Ángel Viruega, a quien definió como un visionario que lo respaldó en los primeros años, incluso frente a la oposición que generaba el proyecto.
La complejidad de las intervenciones también exigía respuestas inéditas en otras áreas de la medicina. El neurocirujano destacó la labor de los anestesistas Rufini, Alconcher y Vignola, de la Clínica Centro, que debían mantener anestesiado a un paciente con el cráneo abierto dentro del resonador.
A ellos sumó el trabajo de enfermeras, instrumentadoras y del personal de terapia intensiva. Entre los médicos que recibían a los pacientes después de las operaciones recordó a Facal, Castells y Cavalone.
La lista incluyó también a Mara, a quien mencionó especialmente, y a Carlitos, el conductor que acompañaba los viajes semanales a Buenos Aires cuando el proyecto comenzó a extenderse a otros ámbitos.
La expansión del proyecto encontró un respaldo decisivo en la Clínica Adventista Belgrano, que confió en la propuesta y permitió darle continuidad en la ciudad de Buenos Aires.
Herrera reconoció que el apoyo institucional fue determinante en una etapa en la que, según relató, las financiadoras y algunas autoridades sanitarias todavía no valoraban plenamente las ventajas de la cirugía guiada por resonancia magnética intraoperatoria.
También destacó a su colega Cucho Ledesma, con quien compartió el desarrollo de la neurocirugía y las dificultades propias de impulsar una iniciativa innovadora. En su publicación mencionó, además, a Héctor Rojas y su aporte al crecimiento del proyecto REMAIN.
En los últimos siete años, la historia sumó una nueva etapa a partir de la colaboración con profesionales y empresarios de Génova, Italia. Según relató Herrera, ese trabajo conjunto, encabezado por Franco Fontana, permitió desarrollar el resonador i-GENIUS, que actualmente utilizan en la Clínica Adventista.
El desarrollo muestra cómo aquella experiencia inicial evolucionó hacia una iniciativa que también involucra la innovación tecnológica y la cooperación internacional.
Entre los pasajes más personales de su mensaje, Herrera destacó el vínculo profesional con su hijo Juan Martín, a quien definió como su mejor discípulo. Trabajar juntos representa, para el neurocirujano, una de las satisfacciones de esta etapa de su carrera.
Ese reconocimiento a las nuevas generaciones convive con el recuerdo de quienes ya no están y de aquellos que acompañaron el proyecto sin llegar a dimensionar hasta dónde podía llegar.
La invitación a Washington adquiere así un significado que trasciende una exposición académica. Es la posibilidad de compartir con especialistas de otros países una experiencia nacida en Pergamino y construida durante décadas con el aporte de profesionales, instituciones y familias.
De aquella primera operación a la convocatoria internacional, la historia de Roberto Herrera refleja el recorrido de un equipo que apostó por una nueva herramienta para la neurocirugía cuando todavía era una promesa. Su presentación en Estados Unidos será una oportunidad para llevar esa experiencia argentina a un escenario mundial y reconocer a quienes hicieron posible el viaje.
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