Mirta Cardoso es directora, docente y portera de una escuela rural en Entre Ríos. A un año de jubilarse, enfrenta la falta de recursos poniendo dinero propio para garantizar que los chicos tengan clases.
En un rincón rural de Entre Ríos, lejos del ruido de las grandes ciudades y sobre caminos de tierra que muchas veces se vuelven intransitables, una docente sostiene prácticamente sola el funcionamiento de una escuela pública. Se trata de Mirta Celina Cardoso, quien trabaja como directora, maestra y portera de la Escuela Rural N° 7 “Calá”, ubicada en el distrito Sauce, cerca de Nogoyá.
Cada día, Mirta recorre 20 kilómetros en auto para llegar al establecimiento donde asisten apenas nueve alumnos de nivel inicial y primario, todos compartiendo un mismo salón bajo modalidad plurigrado.
La historia, difundida por TN en una entrevista realizada por el periodista Mauricio Luna, expone la realidad silenciosa que atraviesan muchas escuelas rurales del interior del país.
La jornada de Mirta empieza mucho antes del horario de clases. Además de preparar contenidos para distintos niveles al mismo tiempo, también debe encargarse de abrir la escuela, limpiar, organizar el aula y garantizar la merienda de los chicos.
Sin comedor escolar ni recursos suficientes, muchas veces es ella misma quien compra materiales, útiles o elementos básicos para el funcionamiento diario.
“Siempre uno está pensando en que la escuela esté bien”, relató la docente, quien reconoció que suele aportar dinero de su bolsillo para resolver desde pequeñas reparaciones hasta la compra de cartulinas o insumos escolares.
La institución tampoco cuenta con computadoras, televisores ni equipamiento tecnológico, mientras que la conexión a internet es costeada por las propias familias.
A pesar de las dificultades, Mirta asegura sentirse acompañada por la comunidad educativa y destaca el compromiso de los padres y alumnos, muchos de los cuales viven a varios kilómetros de distancia y deben atravesar caminos rurales complejos para asistir a clases.
Con más de dos décadas dedicadas a la docencia rural y próxima a jubilarse, la maestra sostiene intacta su vocación.
“Me siento feliz y con mucha fuerza para seguir”, expresó emocionada, reflejando el esfuerzo cotidiano de cientos de docentes rurales que mantienen viva la educación pública en las zonas más alejadas del país.
Foto: TN