El animal había sido criado por Raúl Fleitas y vivía en libertad dentro de un establecimiento rural de la zona. Según su relato, un grupo de galgueros ingresó sin autorización, lo persiguió y luego lo mató. El caso llegó a la Justicia y vuelve a poner bajo la lupa el ingreso de cazadores a campos privados de Pergamino.
Un ñandú que durante años había formado parte de la vida cotidiana de un establecimiento rural de La Violeta terminó muerto después de que, según denunció su cuidador, un grupo de cazadores ingresara sin autorización al campo con perros galgos.
El episodio ocurrió en el establecimiento El Tauro, un predio de unas 360 hectáreas ubicado en la zona rural de Pergamino. El animal tenía una historia particular: había sido criado desde un huevo por Raúl Fleitas, encargado del lugar, y luego había sido dejado en libertad dentro del campo.
Según relató Fleitas en una entrevista radial, el ñandú se había acostumbrado a convivir con los animales del establecimiento.
“Andaba entre las vacas, entre los chanchos, entre las gallinas y entre los perros”, contó.
Esa familiaridad con el entorno y con las personas, sostuvo, terminó convirtiéndolo en un blanco especialmente vulnerable cuando los cazadores ingresaron al establecimiento.
De acuerdo con el relato del encargado, los cazadores entraron sin autorización pese a que el establecimiento tiene carteles que prohíben expresamente la caza.
Fleitas aseguró que los perros persiguieron al ñandú hasta darle muerte y que los propios cazadores filmaron el episodio y posteriormente colgaron el animal de un árbol para fotografiarse junto a los galgos.
El caso fue denunciado y ya interviene la Justicia a través de una fiscalía.
La situación también fue informada por el diario La Opinión de Pergamino.
Más allá del episodio puntual, la denuncia vuelve a instalar una problemática que preocupa a propietarios y trabajadores rurales de la zona: el ingreso de cazadores a establecimientos privados sin autorización y los daños provocados por perros utilizados durante esas incursiones.
Detrás de la denuncia hay una historia que explica por qué el episodio afectó especialmente a Fleitas.
El encargado contó que había obtenido el ñandú a partir de un huevo y que decidió criarlo hasta que pudiera desenvolverse en libertad.
No lo convirtió en una mascota. Por el contrario, el animal se movía libremente por el campo y convivía con el resto de la fauna y los animales domésticos.
Fleitas explicó además que existen razones para evitar intervenir innecesariamente en nidos de ñandúes silvestres, ya que determinadas acciones pueden provocar que los adultos abandonen el lugar.
Por eso cuestionó que muchas veces se opine sobre el manejo de fauna sin conocer las particularidades del comportamiento de estos animales.
“Está bueno asesorarse un poco para interiorizarse cómo es el asunto”, planteó.
Fleitas hizo una aclaración que considera importante: su reclamo no apunta contra la caza como actividad en sí misma, sino contra quienes ingresan a propiedades privadas sin permiso o realizan prácticas fuera de las condiciones establecidas.
En ese sentido, señaló que existen períodos en los que determinadas actividades de caza pueden estar habilitadas y que, en esos casos, lo correcto es solicitar autorización al propietario.
“Si hay un tiempo que se levanta la veda, que la puede cazar, pedí permiso”, expresó.
Su planteo apunta a diferenciar una actividad realizada bajo las reglas correspondientes de la caza furtiva y el ingreso no autorizado a campos privados.
El encargado también vinculó el episodio con otros inconvenientes que, según aseguró, sufren productores de la zona.
Mencionó casos de establecimientos dedicados a la cría de animales cuyos corrales habrían sufrido daños por perros que ingresan sueltos durante jornadas de caza.
En su campo, explicó, existen carteles que prohíben la caza tanto en El Tauro como en el establecimiento cercano La Celestina.
La colocación de esa señalización, según su relato, incluso generó situaciones de hostilidad hacia él por parte de algunos cazadores, pese a que su función es simplemente cumplir las indicaciones de los propietarios de los establecimientos.
El caso del ñandú de La Violeta no quedó únicamente en una discusión entre un trabajador rural y cazadores.
La denuncia llegó a la Justicia, que deberá determinar las circunstancias del ingreso al establecimiento, la responsabilidad de quienes participaron y las eventuales infracciones que pudieran corresponder.
Mientras tanto, Fleitas eligió cerrar su relato desde otro lugar: el pedido de responsabilidad y de una disculpa.
“No fue solamente la muerte del animal lo que más me dolió”, dejó entrever durante la entrevista. También cuestionó que, después de lo ocurrido, no hubiera existido un reconocimiento del daño causado.
“Todos tenemos errores y cometemos errores a diario”, reflexionó. Pero, agregó, cuando alguien se equivoca, también debe ser capaz de reconocerlo.
La muerte de aquel ñandú que había crecido entre vacas, cerdos, gallinas y perros dejó así una denuncia concreta y una discusión más amplia sobre caza furtiva, propiedad privada, fauna silvestre y convivencia en el ámbito rural de Pergamino.
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