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El campo argentino entra en la primavera con los suelos cargados y un niño que gana fuerza

Las lluvias extraordinarias de agosto dejaron reservas de humedad por encima de lo habitual en buena parte de la región agrícola. Para la primavera se anticipan precipitaciones superiores al promedio en amplias zonas y una probabilidad del 90% de que El Niño alcance una intensidad fuerte.

El campo entra en la primavera con los suelos cargados

El campo entra en la primavera con los suelos cargados

Hace 24 minutos.

La campaña gruesa comienza con una fotografía hídrica que, en buena parte del territorio productivo argentino, se parece poco a la de otros inicios de primavera: hay abundante agua disponible en los suelos y un escenario climático que podría seguir marcado por las lluvias y los eventos extremos.

Agosto dejó señales contundentes. Hubo nevadas excepcionales en la cordillera, precipitaciones muy superiores a las habituales en sectores del Litoral, inundaciones, granizo y fuertes tormentas que provocaron daños en distintas regiones productivas.

Ahora, el foco está puesto en los próximos meses. Y los pronósticos plantean un escenario que los productores deberán seguir de cerca.

Un inicio de campaña con reservas de humedad

De acuerdo con un análisis de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA), las lluvias de agosto fueron muy desparejas, pero allí donde se concentraron lo hicieron con intensidad suficiente para llevar las reservas de agua del suelo a niveles superiores a los normales en una parte importante de la región agrícola.

El dato adquiere especial relevancia porque coincide con el comienzo de la siembra de los cultivos de verano.

Adela Veliz, docente de Climatología y Fenología Agrícolas e integrante del Centro de Información Agroclimática y Ambiental de FAUBA, señaló que el panorama presenta similitudes con el escenario observado durante 2015-2016, otro período caracterizado por un evento de El Niño fuerte.

Pero existe una diferencia importante: el área con excesos hídricos es actualmente más extensa. Además de sectores del norte argentino, la Mesopotamia, el Litoral y el oeste bonaerense, las condiciones de humedad se extendieron hacia el centro-norte, alcanzando áreas del norte de Córdoba, La Pampa y sectores de la Patagonia.

Para la agricultura, contar con agua almacenada antes de la campaña puede representar una ventaja, aunque los excesos también pueden transformarse rápidamente en un problema si las lluvias continúan acumulándose.

Agosto dejó una advertencia sobre los extremos

El último mes del invierno estuvo lejos de ser tranquilo.

En la cordillera central, las intensas nevadas provocaron el cierre durante 34 días consecutivos del paso Cristo Redentor. En el Litoral, varias localidades registraron lluvias muy por encima de los valores habituales para agosto y la crecida del río Uruguay generó complicaciones en el este de Entre Ríos.

A esto se sumaron las sudestadas en el Río de la Plata, que dificultaron el drenaje de las zonas bajas y favorecieron anegamientos.

El impacto llegó directamente a las actividades productivas. En Villa Paranacito, por ejemplo, productores ganaderos debieron trasladar animales hacia sectores que permanecían fuera del agua.

También hubo episodios severos en otras regiones. El viento Zonda afectó sectores desde Mendoza hasta Jujuy, mientras que tormentas con granizo y fuertes ráfagas provocaron daños en localidades del sur de Santa Fe.

En Misiones, el temporal registrado entre el 29 y el 31 de agosto dejó importantes consecuencias. En Gobernador Roca fueron destruidos cerca de 200 invernáculos, mientras que productores hortícolas, yerbateros y tabacaleros de la zona de San Pedro enfrentaron pérdidas económicas.

El mensaje que deja agosto es claro: no sólo importa cuánto llueve, sino dónde, cuándo y con qué intensidad.

El Pacífico prepara el escenario

Detrás de buena parte de las perspectivas climáticas aparece un protagonista conocido: El Niño.

Según Leonardo Serio, docente de Climatología de FAUBA, el Pacífico ecuatorial viene registrando un calentamiento sostenido desde fines del verano. Durante junio se confirmó la entrada en una fase cálida y en agosto las temperaturas de determinadas áreas del océano se ubicaron muy por encima de los valores habituales.

La señal oceánica se combina con cambios en la atmósfera. Entre ellos aparece el debilitamiento de los vientos alisios y una mayor actividad de tormentas en el Pacífico central.

Para Argentina, estas condiciones son especialmente relevantes porque El Niño puede modificar de manera significativa la distribución de las lluvias durante la primavera.

Y esta vez los modelos proyectan un escenario particularmente intenso.

90% de probabilidad de un Niño fuerte

Las proyecciones climáticas citadas por FAUBA otorgan actualmente un 90% de probabilidad de que El Niño sea fuerte durante la primavera.

Para el verano, la probabilidad de que mantenga esa intensidad se ubica en torno al 70%.

Los modelos también anticipan que el calentamiento del océano podría prolongarse hasta noviembre, alcanzando niveles comparables o incluso superiores a los registrados en algunos de los episodios de mayor intensidad de las últimas décadas.

Los antecedentes de 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016 funcionan como referencias para dimensionar la magnitud potencial del fenómeno.

Sin embargo, El Niño no significa automáticamente que llueva más en todos los campos argentinos. Su comportamiento modifica los patrones regionales y puede generar contrastes importantes entre zonas.

Qué puede pasar entre septiembre y noviembre

Para la primavera, las previsiones muestran un mapa climático con diferencias regionales.

En materia de temperaturas, existe una mayor probabilidad de valores superiores a los normales en el norte del país. En contraposición, la franja central y el norte de la Patagonia presentan mayores posibilidades de atravesar una primavera más fría que el promedio.

Con las precipitaciones, el panorama también es heterogéneo.

El NOA y el sudoeste de la Patagonia aparecen como las regiones con mayores probabilidades de recibir menos lluvias de lo habitual. En el centro-norte del territorio se esperan, en términos generales, registros cercanos a los valores normales.

En buena parte del resto del país, en cambio, la balanza se inclina hacia precipitaciones superiores al promedio, con una señal especialmente marcada para el extremo noreste y Cuyo.

Agua: una oportunidad que también exige atención

El comienzo de la campaña gruesa encuentra entonces a buena parte del territorio agrícola con una importante reserva hídrica.

Para los cultivos de verano, esa condición puede ser favorable de cara a la implantación y al desarrollo inicial. Pero un Niño fuerte también puede aumentar la frecuencia de períodos de lluvias excesivas, anegamientos y dificultades para ingresar con maquinaria a los lotes.

Por eso, el desafío de la primavera no será simplemente esperar la lluvia.

Será administrar el agua disponible, seguir la evolución de los pronósticos y observar cómo se distribuyen las precipitaciones en cada región productiva.

Después de un agosto marcado por temporales, la campaña gruesa comienza con los suelos cargados. Y, según los modelos climáticos, el cielo todavía tiene bastante para decir.

Fuente: Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA).

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