Cada 13 de agosto se celebra el Día Internacional del Zurdo, una fecha que nació para visibilizar a quienes utilizan predominantemente la mano izquierda y poner en discusión las dificultades de vivir en un mundo pensado, en gran medida, para diestros.
Hay fechas que celebran una profesión, un acontecimiento histórico o una tradición. Y hay otras que invitan a mirar de otra manera algo tan cotidiano como la mano con la que escribimos. Cada 13 de agosto, el calendario tiene reservado un día para quienes hacen muchas de sus actividades con la izquierda: el Día Internacional del Zurdo.
Se estima que aproximadamente el 10% de la población mundial es zurda, aunque la proporción puede variar según las poblaciones y las condiciones culturales. La preferencia manual es un rasgo relacionado con la organización del cerebro y comienza a manifestarse desde etapas muy tempranas del desarrollo.
La historia de esta celebración tiene dos momentos.
El antecedente se remonta a 1976, cuando Dean Campbell, fundador de Lefthanders International, impulsó una jornada dedicada a las personas zurdas. La elección del 13 de agosto tuvo además un componente simbólico: el número 13 había sido asociado históricamente con la mala suerte y la idea era darle un nuevo significado.
La celebración que conocemos actualmente tomó forma en 1992, cuando el Left-Handers Club, organización fundada en Londres en 1990, estableció el 13 de agosto como Día Internacional de los Zurdos. Desde entonces, la fecha se extendió a distintos países.
El objetivo no es solamente festejar la zurdera. También busca visibilizar los obstáculos cotidianos que enfrentan los zurdos en un mundo diseñado mayoritariamente para diestros.
Abrir una lata, utilizar unas tijeras, escribir en un pupitre, manejar determinadas herramientas o incluso utilizar algunos instrumentos musicales puede convertirse en una pequeña complicación para una persona zurda.
El problema aparece porque la mayoría de los objetos de uso cotidiano fueron diseñados pensando en quienes utilizan la mano derecha. Tijeras, escritorios escolares, cuadernos con espiral, herramientas y determinados controles son algunos ejemplos.
Por eso, una de las reivindicaciones históricas del Día Internacional del Zurdo es precisamente promover productos y espacios más adaptados a diferentes formas de lateralidad.
La respuesta no es tan sencilla como podría parecer.
La ciencia sabe que la preferencia manual está relacionada con la lateralización del cerebro, pero no existe un único “gen de la zurdera” que determine si una persona será zurda o diestra. Los estudios actuales apuntan a una combinación de factores genéticos, ambientales y del desarrollo.
De hecho, investigaciones científicas encontraron que la preferencia por una mano puede comenzar a manifestarse antes del nacimiento. Sin embargo, la herencia explica solo una parte del fenómeno: los estudios con gemelos estiman una heredabilidad aproximada del 25%, lo que muestra que intervienen muchos otros factores.
Durante mucho tiempo circularon afirmaciones según las cuales las personas zurdas serían necesariamente más creativas, más inteligentes o tendrían capacidades especiales.
La realidad es bastante más interesante: ser zurdo no determina por sí solo la inteligencia ni la creatividad.
Lo que sí resulta científicamente relevante es que existe una relación entre la mano dominante y la organización funcional de los hemisferios cerebrales. En las personas zurdas existe una mayor diversidad en la forma en que se distribuyen determinadas funciones cerebrales, especialmente las relacionadas con el lenguaje.
La lateralidad no siempre funciona de manera absoluta.
Una persona puede escribir con la mano izquierda, pero patear una pelota con el pie derecho, utilizar un ojo determinado para apuntar o preferir una mano diferente para determinadas actividades.
De hecho, estudios sobre la relación entre mano y pie muestran que la correspondencia no es perfecta: una investigación que reunió datos de más de 145.000 personas encontró que alrededor del 60% de los zurdos también preferían el pie izquierdo, mientras que una proporción mucho menor de los diestros lo hacía.
Durante décadas, y en distintas culturas, muchos niños zurdos fueron obligados a escribir con la mano derecha porque la zurdera era considerada incorrecta o incluso asociada con supersticiones negativas.
La evidencia científica actual considera la zurdera una variación normal de la lateralidad humana, no una enfermedad ni un trastorno que deba corregirse.
Por eso, el Día Internacional del Zurdo también representa un cambio cultural: pasar de intentar corregir una diferencia a comprenderla y aceptarla.
Aunque la cifra exacta varía según cómo se mida la preferencia manual, las investigaciones sitúan la proporción global alrededor del 10%, es decir, aproximadamente una de cada diez personas.
Una minoría suficientemente grande como para que, probablemente, todos conozcamos a varios zurdos. Y suficientemente particular como para que, al menos una vez al año, el mundo tenga que acordarse de que no todos lo usamos de la misma manera.
El 13 de agosto es, justamente, ese día.
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